Archivo de 'Amor'
Navego solo
Navego en esta mar, navego
en una forma de encerrarme
al no encontrarme aquí
mas que sintiendo en fragua
esta constante pulsación,
esta profunda pausa en clave
de SOS que vibra marítima
buscando siempre la voz
de tus latidos,
la ola brava y espumosa
que moje mis velas
al tocarte.
Navego en esta mar de letras
para encontrarte entre líneas
porque me encuentro perdido
y sin norte ni estrella más alla
del lucero de la paz
que redimiste con tu beso,
sin más mapa que el esbozo
que dibuja en mi la fuerza
inquebrantable de quererte,
sin más nave que este afán
y el remo idestructible
por vivirte.
Navego solo en esta mar
al reinventarme en un barco
que viaja con bandera
de indómita esperanza,
solo busco y rebusco corazón,
mi albor, mi vela,
un tibio y verdadero amanecer
en tu mirada.
Certezas
No tembló mi cuerpo
al abrazarte
porque tuviera frío,
ni por afán histriónico.
No latió mi corazón
tan fuerte
por el paradójico síncope
del tiempo entre tus brazos…
Fui solo yo, solo yo
nervioso y asustado
porque ahí, entre tu abismo,
feliz, fui…
Vibré completo
en la ignición
del hecho combustible
de quererte,
de tocarte…
de estar
y de existir
solo contigo.
Carta-compendio de sueños de tí
Soñé que había muerto, como tantas otras veces he soñado que muero; no me sorprendí, ni tuve miedo, porque incluso dentro de mi sueño recordé la vez que me atropelló el trailer, la vez que un hombre me encajo una daga con su previa emulación de gallo de pelea, recordé que una roca me aplastó, o que un grupo de rottweilers me perseguían hasta alcanzarme, también aquellos doberman, o un dark entregándome a un pelotón de la muerte que parecía fan de Iron Maiden, todos sueños absurdos, pero, ¿qué sueño es coherente?.
Lo sorprendente de mi sueño no fue morir, fue más bien morir sin cuerpo, sí, porque en el sueño no tenía cuerpo, pero no puedo describirlo, porque mis sueños son absurdos y además, porque no se puede describir algo sin forma, sin cuerpo; solo se que estaba ahí y que morí.
También, me sorprendí porque no estaba solo, estaba contigo, y te tocaba aunque tú no lo hacías conmigo, era como si estuvieses sola, y yo contigo, ahí, presente, pero ausente a la vez, a tu lado nadamás. Y toque tus piernas como solía hacerlo, y en eso, me sentiste, lo sé porque tu actitud cambio como si te sintieses observada, pero te quedaste ahí, aunque con ese miedo que tu silencio siempre me hizo creer que tenías. Entonces pensé en hablarte, pero no quise asustarte. Sólo me acerque un poco más y me recosté sobre tus piernas hasta que me quede dormido.
En mi sueño, cuando desperté, te habías ido. En mi sueño, cuando desperté, supe que había muerto. Al despertar me senté en esa banca y redescubrí ese jardín junto a tu casa, los columpios estaban frente a mí y el viento los balanceaba ligeramente, como lo hacía aquella tarde, primera de primavera en la que te leí de Brock y de Ames en Los ojos hacen algo más que ver, despues preguntaste si me aburrí de tí y no era así. El pequeño dachsund paso corriendo y le grite por su nombre. ¡Forrest!. Pero no me escuchó y paso de largo, se perdió en esa neblina de mi sueño.
Hace un rato, recordaba ese sueño y curiosamente pensé que no tengo fotografías tuyas, solo la que en ese mismo jardín tomé de nuestros pies, después solo las que mi elefantástica memoria reveló; creo que pensé lo de las fotografías porque mi sueño fue en sepia.
Y recordé también otros sueños de ti.
Aquél en el que caminamos todo el día para llegar al sensorama y que cuando salímos, como aquella vez, me dijíste gracias, para que de regreso a casa te me escaparas corriendo para perderte en una oscura ciudad con lámparas intermitentes mientras te veía desde un puente peatonal.
Aquél en el que íbamos en un camión con rumbo a un centro comercial y llorabas mientras planeabas perderme en el tumulto de la plaza porque no querías decirme adiós.
Aquél en el que estuve en prisión y no quisiste visitarme ni llevarme contigo como lo hicieron con los otros presos; me quedé solo en esa celda mientras te veía a traves de esas rejas caminando a media calle sin querer notarme ahí.
Aquél en el que con el mariachi enfrente te lloraba, colgado de tí y tú eras estatua afianzada en dos testigos.
Pensaba en como se mancha el papel cuando se vira sepia e inexplicablemente éso me llevo a recordar algunos otros sueños.
Aquél en el que nos encaramábamos a la bola de fuego para volar sobre un mosaico verde. Cultivos. Y el sol, naranja, se desvanecía en el horizonte. Y quise que viajáramos en globo, así que te mande aquella postal que creo que no te gusto; no viajamos en globo. No viajamos.
Soñé que meses mas tarde te platicaría como en una especie de plan, esa idea de que yo íba en una montaña rusa, solo el parque de la vida para ambos. Tú me esperabas al terminar el recorrido, como pasa en esas películas en las que la protagonista espera al protagonista en la estación del tren. Solo que en el sueño no había tumultos, ni ruido de vapor, ni el espasmo del chasqueo de los pistones y los durmientes al paso de la más imponente de las locomotoras, ni tampoco la romántica y excpectante cámara lenta. Era solo el estrepitoso rugir de la medusa y el silbar del frío viento que surcaba mi cabeza, el silbar del frío que cortaba el corazón del universo con mi pecho descubierto. Y salíamos de la medusa y veíamos mi foto en las pantallas.
También soñé que estábamos en aquel camión viendo películas y riendo casi hasta tornar en llanto, no se cuantas películas vimos, ni cuales eran. Pero te veía a tí, con esa felicidad como que de ambos en el rostro, con esa risa tuya, y me sentí como entonces mientras tu mano y la mía se encontraban por accidente una y otra vez a las 22:22, que era como una hora que se repetía infinita en el sueño. Y me sobresaltó pensar que era un sueño porque lo sentí real. Como sentí también real tu guante en mi rostro y tu mirada en la mía cuando me retabas como en tiempos de antaño harían los caballeros para iniciar un duelo.
Qué escenas que eran solo sueños. Qué sueños que son solo tu aquí adentro. Qué tu que eres aquí dentro mil recuerdos. Qué recuerdos que aún entre mis sueños atesoro.
Deberías
Talvez deberías saber
que solo estoy,
así, como hueco…
que esta oquedad
que me llena,
eres tú, allá,
donde te encuentres…
Talvez deberías saber
que el instante,
de tu beso,
permanece intacto…
Y talvez este deberías
es solo por creerte,
o el sinuoso resultado
del querer besarte…
pero tal vez ya lo sepas
aunque ya no estes conmigo,
deberías.
Misión a Marte
Del eterno universo,
con su mítico zoológico
de centauros y osas
mayores y menores,
orión, andrómeda
y la luna escondida
desde su celda nocturna,
me hablan,
me invitan a librar
mi gran guerra.
Y tú, combustible lejano
del motor de mi nave,
de mi cercano
e intangible hoy,
pareces agotarte
en vapores,
sinrazones
y circunstancias imposibles,
pero el crucero Suspiro
me remolca milagroso.
Y asi, el Capitán Corazón,
dueño y señor
de mi incomprensible
cuarto de control,
me grita,
dá órdenes
y me golpea en la inercia
de la inefable y casi utópica
misión de amarte
cuando vuelvas…
Consumando
No sé como es
que la distancia,
me recuerda más de ti,
tampoco se como es
que la siguiente hora,
aunque igual de larga,
me recordará mas de ti,
menos se aún como es
que esta paradoja,
tiempo espacio,
me acerca más a ti,
sólo se que la palabra
extrañarte,
te consuma, me consume,
me consume,
consumando, quererte…











