Archivo de '10min'


Recuerdo

Junio 17th, 2010 | Por las sendas de: 10min, Cronometrados, Personal

Psicoglobos

Recuerdo esa sonrisa que invita a sobrevivir, me miraba como cuando los niños miran el cielo sin esperar nada más que la belleza del sol, de la lluvia o de la nube que pasa solo porque tiene que pasar, no era esa sonrisa obligada o la que inquiere o espera algo, era la sonrisa de quien sonríe porque tiene que sonreír o sino se le marchita el alma.

A mí casi se me ha olvidado sonreír. Me río de los buenos chistes, aquellos que son buenos para mi humor, me río de las situaciones estúpidas para las que mi cerebro no tiene otra respuesta más lógica como las ironías que se suceden en la vida diaria, me río de los perros que no pueden alcanzar al gato que al final de una carrera se les escapa trepándose a un árbol para quedarse ahí lamiéndose las patas mientras el perro jadea debajo entre ladridos. Sí, me río cuando algo me dice explícitamente que debo reír, pero he caído en la cuenta de que mi risa es casi mecánica, una respuesta cerebral, casi he olvidado sonreír.

He olvidado sonreír solo porque me he despertado nuevamente, porque el pajarito que esta junto a mí en la banca del jardín busca la mejor ramita para construir su nido, he olvidado sonreír porque aún existe el sol en primavera y la lluvia en el verano, las hojas secas en otoño y un frío infernal en el invierno. Sí, infernal, es que soy muy friolento.

Recuerdo que un día sonreía porque debía sonreír o si no se me marchitaba el alma, pero eso era antes de que lo que quedaba de mi inocente sonrisa se fuera tras tu silvestre sonrisa. Yo me he quedado sin nada. Sí, así siento.

Por ahm; 01:28 hrs. ~ 3 huellas

No estaba loco

Junio 13th, 2010 | Por las sendas de: 10min, Cronometrados, Ficciones, Narración y Cuento

Psicoglobos

El creía que estaba loco. Creía que estaba loco porque estaban ocurriendo cosas extrañas. Olvidaba cosas, marcaba equivocadamente el teléfono cuando debía llamar a la oficina para pedir un dato. Creía que estaba loco porque su cabeza estaba trabajando a mil, a millón por hora pero dispersamente, creía que estaba loco porque en esa dispersión veía todo de colores, el cielo era azul número cinco, el sol era amarillo oro, las rosas eran rosa mexicano, las hojas del árbol marchito eran verde dólar y las monedas de su bolsillo le parecían la mejor colección numismática. Creía que estaba loco porque tenía extrañas visiones, se veía en un mundo salido de una película de Tim Burton. Y la música de esos días parecía tocada por la mismísima banda del Sargento Pimienta el día de la liberación de Pepperland. Y empezaba a temer. Pero no, no estaba loco. Se dió cuenta de que el número equivocado que marcaba era el de ella, siempre el de ella. Se dió cuenta de que los colores tenían otro significado, o mejor aún, las cosas tenían colores más vivos, la vida en sí. No, no estaba loco, no era una película de Tim Burton, simplemente estaba enamorado. En todo caso, estaba loco de amor, no todos los días le ocurría. Pero su doctora, aquella que recibía todas las llamadas equivocadas, le recordó que por su bien dejara de tomar Red Bull. Es que era hipocondriaco.

Por ahm; 13:27 hrs. ~ No hay huellas