Archivo de 'Prosa'
Las nubes, las hojas, el hombre

Salió ese día, temprano, sin rumbo. Anduvo hasta tarde y comenzó a divagar hasta que se detuvo dándose cuenta de que la nube camina como el hombre, también el cúmulo de hojas camina como el hombre: un viento les mueve como la razón mueve al hombre. Y vió que una nube era tan anaranjada como las hojas secas y como el color del hambre. Quiso alimentar su alma con aquella develación pero perdió el hilo entre tanto pensamiento como cuando la efervescencia de un golpe de calor nubla la vista. Al instante, una ráfaga de viento pasó y removió el filosófico cúmulo de hojas sobre el que se había detenido, el piso estaba limpio, alzó luego la vista y ahogó la voz, la nube tampoco estaba. Siguió su camino aunque nadie volvió a verle.
A veces solo esperas…
A veces te sientas y haces un resumen de lo que sucedio, de lo que se dijo en el día, la semana, el mes… según sea de grave o importante el momento que te lleva a reflexionar.
A veces, a pesar de estar tan lleno, o vacío, encuentras un billón de palabras que decir… o a veces piensas un billón de cosas en silencio.
A veces tienes mil palabras que callar y a veces callas mil palabras que debías decir.
A veces hablas solo con alguien mas, a veces hablas para tí solamente.
A veces gritas en silencio esperando que te escuchen y a veces no te escuchan gritando abiertamente.
A veces, no hablas, solo ves el horizonte, tal vez hasta con la mirada perdida, suspiras y callas, callas silenciosamente solo a la espera de una pregunta, buscas ese como estas, o ese estas bien, o ese que esperas, o ese que piensas, acompañados de un abrazo que te tome calmo y que te mueva el mundo, una cabeza que se recueste en tu pecho, o una mano que tome las tuyas bajo los ecos de una mirada tranquila, una mirada que te espere eternamente, que te espere el par de minutos en silencio que necesitas para desbocar razones.
Sueño de la Brillante Existencia
Ayer pensaba que era una ilusión ese sitio al que quería llegar, que era una especie de espejismo que me fabricaba yo mismo de una forma inexplicable.
La verdad es que nunca supe hacia donde llegarían mis pasos mientras observaba ese sueño desconocido, no podía describirlo, mucho menos comprenderlo cuando estaba frente a mí; tampoco podía recordarlo cuando súbitamente despertaba entre mis desvelos.
De alguna manera la ilusión de una existencia futura mas allá de esos extraños karmas y el constante sueño de llegar a ella me sorprendieron, surgiendo a partir del descubrimiento de una luz que cruzó mi camino de forma inesperada, tan inesperada y sorpresivamente que el salir de aquel letargo me producía calambres y retorcía las vetas de mis casi encarnados pensamientos. Había llegado el momento de transformar, de revertir, de traspasar, de quebrar en mil invisibles partes indivisibles los espejismos, las arenas movedizas en las que hundía el cuerpo, quería descubrir que había mas allá de la eterna extensión de esos desiertos.
Hasta ahora no puedo asegurar que esa luz se cruzó en mi camino o que yo me interpuse alevosamente en el suyo hacia otro punto, desconocido, que aun hoy me pueda ser invisible, solo se que más allá de la ilusión de poder tocar al fin su luz y que su luz me haya tocado, más allá de saber que es la luz con la que veo nuevos caminos, más allá de querer contener el llanto que me explota, más allá de toda palabra que pueda articular, o el verso que me pueda transformar, o el lumen mas brillante que pueda ver, o estrella mas lejana que pueda observar, más allá de todo eso y mucho mas es hoy un sueño latente esta existencia, una paradoja tiempo espacio que me consume, es un hacerlo todo, un hacer pronto, un terminar ya lo que me aleje de esto, un hacer mejor para acercarme mas, un querer todo sin otro fin, en si, que el de acabar rendido bajo el cobijo de su brillante existencia.











