5Sep2008
La Máquina
En un tiempo y mundo lejanos, donde las supertecnologías son el pan de cada día y las distancias hiperespaciales se cubren en tiempos apenas lo suficientemente prolongados como para contar un chiste, el Imperio Galáctico que sera dominado después por la Fundación de Hari Seldon, casi por casualidad ve nacer una nueva generación de máquinas superdotadas que dispondrán parte del futuro de la humanidad. En la búsqueda por desenredar las premisas de su funcionamiento, un vasto equipo de investigadores encuentra misterio en la lógica que éstas máquinas aprenden a seguir para superar con creces las misiones que una escéptica humanidad les asignó.
Como todos los días la máquina arrancó esa mañana para procesar las tareas y tomar las decisiones que le eran encomendadas diariamente. Inicializó sus sistemas de enfoque basados en cristales ultrapuros y silenciosos nanomotores, los telémetros de ambos conjuntos ópticos y los giroscopios del sistema de equilibrio fueron recalibrados con un zumbido imperceptible, los audiosensores ajustaron su sensibilidad, el humor y humedad del ambiente fueron escaneados y la conexión a la Terminal Central se estableció… era un modelo algo viejo y no poseía los más recientes adelantos que el mundo moderno había visto nacer para controlar todos aquellos menesteres de la navegación como la autoubicación interestelar y la medición de la microgravedad de los cuerpos celestes del espacio exterior. Sus sistemas de locomoción además lubricaron las complejas fibras y estructuras que movían todo su engranaje. Estos procesos demoraban apenas unos instantes y mientras tanto, los sistemas de planeación de procesos trabajaban en una indexación de las tareas que estaban programadas para esa jornada.
Todas las máquinas de su clase habían sido creadas con la capacidad de realizar cualquier cantidad de cosas. Podían ser solicitadas para tareas que iban desde limpiar los sistemas de desagüe de la gran metrópoli, hasta manejar los procesos matemáticos que dictaban el curso del Imperio Galáctico. Así pues, aunque todas las máquinas de su clase poseían relativamente las mismas capacidades -salvo aquellos modelos excepcionales o los defectuosos- era sumamente difícil, sino imposible, encontrar dos iguales pues sus característica capacidad de autoprogramación y de predicción de eventos, además de las adaptaciones físicas que iban haciéndose lograban que cada una de ellas enfocara y adaptara todo su poder de procesamiento hacia labores que según su inteligencia le indicaban como los mas acertados para el bien (o mal) de la civilización según el sector al que eran asignados cuando su vida útil comenzaba.
Teóricamente, YRO había sido programado para superar toda clase de incidencias de errores y por ello durante las noches, mientras funcionaba el sistema de asimilación de información y se eliminaban los archivos temporales del día, se iniciaban unos procesos de inteligencia artificial SRN (sistema de retroalimentación nocturno) cuya misión era programar nuevos paquetes de código que mejoraran todos los procesos en los que se veía envuelta y otros mas que corrigieran los fallos que se habían suscitado últimamente. Por si fuera poco, existían otros procesos diurnos que perseguían el mismo fin pero que funcionaban bajo premisas y condiciones tremendamente distintas.
Con todo esto, una vez estas máquinas se veían salidas de la fábrica, la autoprogramación lograba que para todo aquel que tuviese la fantasía de adentrarse entre las entrañas de su enmarañado catálogo de procesos autoprogramados, fuese un sueño guajiro encontrar una línea de código que pudiera ser la causa de una falla. Por esa razón, si una máquina cometía un error autoprogramándose, podía fácilmente inutilizarse a sí misma.
Así pues, desde hacía casi tres décadas que YRO amanecía instalando los paquetes de compatibilidad y aprendizaje que su SRN generaba y esa mañana sucedió que el sistema de balanceo de carga de procesos -un subprograma que se encargaba de equilibrar la cantidad, tipo y complejidad de procesos entre sus múltiples procesadores- detectó como hacía desde ya años antes una tarea que no podía ser completada y que permanecía en status pendiente. La máquina supo como todas las mañanas anteriores que debía proceder a evaluar un sinfín de condiciones y variables. Este proceso era realmente accidentado y estaba plagado de sentencias de control pues existían millones de directivas de seguridad, de predicción de eventos, de evaluación probabilística y estadística, de asimilación de información y otros muchos etcéteras que lograban que cada día la solución de esa tarea se hiciera más compleja pues había que lidiar con aquello que se almacenaba en el sistema de aprendizaje día con día: nuevas variables, viejas constantes, nuevas directivas, viejas teorías de predicción, etc.
Estuvo en esa labor hasta varias horas después de iniciada la jornada incluso cuando ya se encontraba realizando otros procesos de alta prioridad para el Sector G-3, sector en el que su labor primaria era el diseño de herramientas de productividad que facilitaban procesos y corregían transacciones con oficinas privadas. Súbitamente una alerta de memoria interfirió momentáneamente en algunos procesos causando una baja de rendimiento por apenas 3 nanosegundos. Tras un breve análisis supo que tratar de terminar la tarea pendiente del modo en que lo estaba haciendo, consumía demasiados recursos, de modo que por su propia seguridad, aborto nuevamente la tarea y decidió asignar una pequeña cantidad de recursos para trabajar en ella a lo largo de la jornada. Así, cada que había un tiempo muerto, en lo que esperaba información de alguna terminal o de alguna otra máquina, procesaba algunos cuantos pentabytes de aquel misterio, reducía los recursos para su proceso y volvía a sus labores.
Las máquinas como YRO eran escasas aunque gozaban de un gran respeto, rara vez fallaban, funcionaban con márgenes costo-beneficio que escandalizaban a muchos fabricantes y lo más importante: se autoreparaban y aprendían. La verdad es que cuando fueron concebidas, los científicos hablaron de ellas como apenas un modelo experimental y de transición entre viejas y nuevas tecnologías de Inteligencia Artificial. Se trataba del resultado de un proyecto con muchísimos años de desarrollo que fue abandonado cuando se creyó que parecía no llegaría a ningún lugar, nadie -ni siquiera sus creadores- sabía o siquiera imaginaba el destino y las capacidades que podrían alcanzar. El apoyo al proyecto había cesado en parte porque las pocas -relativamente- unidades creadas eran solo adquiridas por el gobierno de modo que no fue tan rentable como se pensaba podían ser otras tecnologías. Era pues una máquina en la que sinceramente, en un principio nadie confiaba a pesar de su muy envidiable bus de 333 tetrahertz. Con todo esto, la máquina no podía verse a sí misma como un proyecto abandonado y tampoco podía ver las circunstancias de su existencia con matices moralistas, no afectaban su funcionamiento porque, como toda máquina, solo veía nacer el alba y caer la noche como fenómenos meramente astronómicos que apenas le eran útiles para iniciar o terminar una jornada laboral y lloviera, tronara o relampagueara -naturalmente, esto solo en los mundos donde la atmósfera lo permitía- las jornadas existían para hacer lo que tuviera que hacerse a menos que sucediera algo extraordinario. Al menos eso era lo que la humanidad estaba acostumbrada a suponer de las máquinas.
Había algunos humanos que monitoreaban remotamente todas las máquinas como YRO desde una terminal de la oficina del departamento de servicios generales del imperio, ésta terminal había sido hecha expresamente para poder observar ciertos aspectos de las unidades vendidas al gobierno y estos humanos que hacían el monitoreo, sabían que una realidad existente se dejaba entrever cuando a pesar de que las cosas no parecían estar cambiando, día con día había cada vez más cosas que hacer en el imperio creciente y el numero de máquinas era el mismo de siempre, eso implicaba que las mismas máquinas hacían cada vez más y más trabajo por lo que algunos pensaban que se trataba de una situación que un día sería insostenible, comenzando a preguntarse cuando se colapsarían. Por ello se convocó a un congreso en el que se empezaría a prever el reemplazamiento de éstas por modelos nuevos o bien, el retomar el proyecto de antaño para mejorar las unidades existentes, sobretodo tratando de aprovechar los nuevos adelantos en biomecánica.
El congreso resolvió el retomar la idea original para incluso mejorar las 600 unidades existentes y producir otras tantas si fuese necesario. Para ello se contrato una plantilla laboral de miles de matemáticos, físicos, biomecánicos, psicohistoriadores, programadores y cualquier tipo de personal que pudiera involucrarse en el desarrollo de máquinas autosuficientes. Además se contrataron expertos en todas las profesiones y oficios conocidos para construir la enciclopedia de manuales de procedimientos precargados que sería incluida en el resultado final del proyecto. Se busco además seleccionar a la máquina con mejor historial y de la que se conocieran grandes habilidades en materia de lógica e YRO fue entonces llamado para contribuir en el análisis de la maraña autoprogramada de sus congéneres y de él mismo; se pensaba que solo la lógica de la misma máquina podría desenmarañar algunas cosas que permanecían casi como un misterio dentro de su funcionamiento; de hecho, su tarea consistiría en estudiar sus propias entrañas lógicas. Sinceramente nadie se quería dar cuenta pero YRO sería la primer máquina destinada a encabezar y dirigir un proyecto que perseguía como fin mejorarse a sí misma.
Todos y cada uno de los integrantes de la tropa de neuronas que suponía esta aglomeración de investigadores dispuso de una terminal que podía monitorear en mayor o menor grado el funcionamiento de YRO aunque solo en sus variables, directivas y procesos públicos y solo YRO mismo podía programar o reprogramar algo, haciéndolo siempre de una forma aislada para controlar los posibles malos resultados, de modo que todo aquel que quisiera hacer alguna prueba para implementar nuevas funciones, debía mandar desde su terminal una petición a la terminal de YRO para que este hiciera una evaluación de las posibilidades de implementación de las mismas y en caso de aprobarlas hacía una simulación del deploy de los cambios solicitados, emitiendo los resultados de las pruebas. Al mismo tiempo podían verse los resultados en todas las terminales, se emitían los resultados, se llegaba a conclusiones y se proponían diversas líneas de investigación algorítmica.
Se llevaban ya 243 días de arduo trabajo y se empezaron a vislumbrar cosas muy importantes. En principio YRO consiguió aislar la totalidad de variables y funciones privadas involucradas en sus procesos autoprogramados y realizar un informe detallado de todas estas, incluyendo tipos de datos, los ámbitos de su funcionamiento y sus alcances. Esta había sido una de las mayores prioridades de la etapa inicial del proyecto pues con esa información otros programadores muy experimentados podrían ayudar a YRO en el análisis de procesos que quizás no hubieran sido programados de forma óptima y una de las observaciones que se pudieron hacer casi inmediatamente de toda esta información, fue conocer uno de los métodos que usaba YRO para nombrar funciones, constantes y variables. Era una premisa entender que éstas tenían nombres nemónicos que se relacionaban directamente con los sucesos, situaciones, circunstancias o problemas que debían resolver y había listas inmensas de variables con valor igual a los nombres y referencias de personas de todo el imperio a las que YRO debía enviar o responder peticiones, por ejemplo, había un grupo de funciones relacionadas con los servicios eléctricos del sector G-3 y de éstas se derivaban variables que llevaban el nombre del funcionario o empleado que debía realizar la labor. Por estos y otros descubrimientos iniciales, se convocó a una gran celebración para festejar este primer triunfo y el comienzo de otra etapa del proyecto que prometía tiempos aún más laboriosos.
Pasada la fiesta, los programadores líderes catalogaron las variables y funciones para entonces asignar el trabajo por rubros a los distintos equipos desarrolladores. Uno de esos rubros se trataba de conceptos humanos y fue asignado a un equipo multidisciplinario cuyo nombre clave fue “Origen”, integrado por psicólogos, algunos niños, dos familias -una funcional y otra disfuncional-, un juez, un abogado, dos filósofos, médicos, 50 programadores, dos deportistas -uno de ellos había ganado medallas de oro en los recientes juegos olímpicos, celebrados en el encandilante centro del sol-, varios artistas… la lista era increíblemente larga. Se consideraba que el tema de los conceptos humanos era muy importante y en la documentación del YRO original no había mucho trabajo dedicado a esta labor de la comprensión de las emociones humanas, por ello se convirtió en una de las líneas de investigación más ambiciosas y quizás también de las más escépticas: ¿una máquina más que humana podría emerger de este proyecto?
Lo primero que hizo el equipo Origen fue recopilar una serie de conjuntos de datos provenientes de cada persona involucrada en el proyecto, estos conjuntos de datos procedían primeramente de lo que cada uno pudiese conceptualizar de una serie de listas de palabras relacionadas con las emociones humanas, de modo que todos opinaron y explicaron que era la felicidad, la tristeza, la emoción, la ira, la euforia, la pasión, el éxito, el fracaso. Por otro lado, todos llevaban consigo, conectados a unos diminutos aparatos, unos sensores neuronales y otros tantos musculares que capturaban todas las reacciones corporales y mentales que sucedían en sus vidas diarias al tiempo que se grababa con unas cámaras holográficas las imágenes del entorno en el que las emociones se sucedían. Esto conseguía que si por ejemplo, un deportista ganaba, los sensores captaban todas las reacciones de su cuerpo y mente y además se obtenía una imagen de el mismo cruzando la línea de meta. Si un médico realizaba una operación de altísimo riesgo en un paciente terminal, los sensores recopilaban la tensión de los músculos del cirujano al usar el láser o extraer un órgano del paciente. Un equipo de químicos y bioquímicos además adjuntaba información técnica sobre la composición y cantidad de fluidos y hormonas que se involucraban en cada suceso, como la adrenalina o el sudor por ejemplo. Así sucedió por cerca de dos años con todas las emociones que la gente en el proyecto suponía que era posible capturar.
La información se capturaba, analizaba y catalogaba y mientras tanto, el líder de desarrolladores del equipo Origen junto con sus colegas, analizaban cada sección de las funciones que se les habían entregado y a su vez monitoreaban a YRO por las noches, sobretodo cuando el sistema SRN comenzaba a funcionar y hasta muy de mañana cuando sucedía la instalación de sus paquetes autoprogramados, la idea era depurar en lo posible los procesos para comenzar con la carga de la información capturada en las emociones de la gente. Precisamente una mañana, cuando YRO reparaba nuevamente en su ya vieja tarea pendiente con la que llevaba ya años de lidiar, los desarrolladores notaron que el consumo de recursos de ésta no cesaba durante todo el día y la noche, de modo que por varios meses se vieron a sí mismos como astrónomos observando un cuadrante microscópico del universo por conocer, ese proceso era un misterio a resolver. Por lo menos lo fue hasta que tras una junta se determinó si se podría eliminar de forma segura esa función que solo consumía recursos. La interrogante era muy similar a la de otras ocasiones con otros procesos y por ello fue agendada en prioridad normal aunque de hecho, como siempre, estarían involucrados los líderes de todos los demás equipos. Durante la junta se confirmo que nadie más tenía entre su documentación referencia alguna de la utilidad de la función que convocaba la junta y el mismo equipo Origen en todo el tiempo que llevaba observando el proceso, jamás había podido dilucidar utilidad o relación alguna de la misma para otros procesos de ningún tipo ya que aunque el valor de una variable estática de la función llegaba a enviarse como parámetro a otras funciones, este valor no era involucrado ni cambiado nunca en esos procesos, convirtiéndola en un asunto sin oficio ni beneficio. Se concluyó entonces que era un error de autoprogramación de YRO y aunque hasta la fecha se había corroborado con creces que éste poseía una lógica impecable, se concertó una fecha para eliminar la función. La máquina consintió y aprobó la resolución como solo una vía segura para liberar espacio.
Las directivas de seguridad de YRO no le permitían modificar sus propias funciones ni tampoco eliminarlas, ello se debía en parte a viejas teorías de Integridad Relacional de Bases de Datos y normalmente cambiaba las referencias de una función vieja a las de una recientemente programada, inutilizando la anterior pero conservándola en la base de datos. Esto era visto por muchos como un error argumentando que así podían desperdiciarse miles de millones de trillones de bytes que podrían ser mucho más útiles usándose de otro modo aunque lo cierto era que gracias a ese “error” YRO tenía la capacidad de hacer análisis estadísticos muy superiores a los que podría haber hecho eliminando los rastros de las funciones inutilizadas. Es uno de los principios de la estadística, mientras más grande es una muestra, más confiables pueden llegar a ser los resultados de sus estudios.
Llego el día en que se suprimiría la función y se redujo esa tarde la carga de trabajo de YRO para que por la noche sus procesadores estuvieran fríos, se buscaba reducir todo margen de error que pudiese existir, había que pensar que una acción como esta jamás había sido realizada y todo sería basado en manuales y en lo que YRO determinaba como correcto. Entonces se le llevo a una cámara de vacío en la que se procedería a abrir su panel de control para autentificar por dispositivos neurométricos a los técnicos previamente autorizados para realizar las acciones necesarias. El Kernell de YRO era lo único que funcionaba en ese momento y en una pequeña pantalla holográfica de 6 pulgadas presentó con detalle las instrucciones para el proceso a realizar. Los dos operadores designados para la operación, enfundados en trajes electrostáticos, encontraron muy sencillo el procedimiento pensando que pasarían a la historia como parte fundamental del proyecto.
La totalidad de terminales observadoras de YRO, tenían sobre sí las miradas expectantes de los involucrados en el proyecto e incluso en las pantallas gigantes del lobby y los patios del edificio de Investigaciones Robóticas, sede operativa del proyecto, se proyectaban todos los detalles del suceso. Para muchos, los 47 segundos con 55 milésimas que demoró el proceso fueron los mas largos de sus existencias porque aunque era verdad que el asunto entero de esta operación se había convertido de intriga y confusión en un suceso para el anecdotario, la expectativa de los resultados era muy alta tomando en cuenta que no había en los anales de la historia referencia alguna de una operación similar con las máquinas de última generación. Una vez que el prompt de la línea de comandos cambio del status de “ocupado” al de “reiniciando” y de un color rojo al verde, se pudo escuchar un suspiro general que aguardaba impaciente los 7 minutos que demoraría el proceso de reinicio del sistema operativo de YRO. En esos minutos se procedió a sellar nuevamente el panel de YRO.
Sucedió que mientras YRO se reiniciaba, el sector M-5, el centro económico más grande del imperio y que se ubicaba a 0.7 Megapársecs de distancia, comenzó a reportar el colapso de un sinnúmero de sistemas atmosféricos y de control aéreo. La totalidad de los cruceros galácticos que tocarían tierra ahí tuvo que ser redirigido a otros subsectores para la descarga de sus provisiones y hubo colisiones entre algunos de ellos que venían saliendo de sus túneles hiperespaciales, el tráfico aeroespacial era un caos y nadie tenía la más mínima idea de lo que sucedía, la máquina que controlaba todo aquello había dejado de procesar cualquier tipo de petición y se encontraba bloqueada por razones desconocidas. Esto sucedió en apenas un minuto o dos y el caos fue disminuyendo conforme los sistemas de emergencia de controladoras aeroespaciales de otros sectores comenzaron a funcionar para suplir la falla. Nada de esto pudo saberse en el edificio de Investigaciones Robóticas, todos se encontraban festejando que YRO se reiniciaba con éxito y que su SRN comenzaba a funcionar para mantenerse así hasta la mañana siguiente.
Al reiniciar la actividad del SRN, YRO hizo inconscientemente lo que muy bien sabía hacer y programó como todas las noches funciones para optimizarse a si mismo. Entonces llego el amanecer y lo primero que sucedió entre sus entrañas lógicas fue como siempre la instalación de un paquete de funciones. Esto fue observado por toda la gente del proyecto y hubo una gran polémica al descubrir que una función idéntica a la que se había eliminado (incluso tenía el mismo nombre) era instalada por el SRN de modo que se convocó a una nueva junta para analizar lo que había hecho YRO y se mando arrestar bajo sospecha de sabotaje a los técnicos que supuestamente habían eliminado la función.
Para la hora de la junta el sector M-5 había vuelto a la normalidad -después del caos y los accidentes aéreos- y en los noticieros todos se enteraron de lo que había ocurrido en aquellos lejanos parajes, asunto que a muchos puso los pelos de punta pues, la máquina que se había colapsado, llevaba el mismo nombre de la inútil variable que vagaba en la función que había sido borrada en YRO y más tarde vuelta a generar por su SRN. Nadie tenía una explicación y se mapearon la mitad de las terminales observadoras de YRO para observar a aquella otra máquina, descubriendo que aquella tenía una función con el nombre de YRO; el impacto del descubrimiento fue aún mayor cuando al ver en paralelo ambas funciones, se supo que las variables de las funciones de ambos hacían exactamente lo mismo y al mismo tiempo, mandar a otras funciones valores que parecían inútiles.
En ese momento hubo silencio en todo el complejo de investigación y no se pudo concluir nada, pero desde aquella tarde todo el equipo que estaba en el proyecto tuvo la duda del como habría concebido aquella milagrosa máquina la función con una variable que contenía un nombre de mujer y que aparentaba no servir de nada. Quizás era que las máquinas habían aprendido a ver nacer el alba y caer la noche como algo más que fenómenos astronómicos. Era una duda que talvez algún día, solo el equipo Origen podría ayudar a resolver.
Notas y Recomendaciones:
Estimado lector, si leyó toda la historia tengo que agradecérselo infinitamente y debe saber que fue inspirada en la Saga Fundaciones de Isaac Asimov, reconocido Divulgador Científico y muy recomendable autor de Ciencia Ficción con novelas como Yo Robot, Bóvedas de Acero, la ya mencionada Saga Fundaciones también conocida como Ciclo de Trántor y otras series narrativas como La Visita al Tiranosaurio y recopilaciones como Cuentos Completos I y II.
Los términos Imperio Galáctico, Psicohistoriador y Fundación, así como el personaje Hari Seldon, todos mencionados en esta historia, son autoría de Isaac Asimov y pueden leerse en la Saga Fundaciones.
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