De mis incursiones deportivas*…
En la primer entrega de mis incursiones deportivas hable del escuinclito imberbe que descubrió asombrado sus capacidades como defensa central de fútbol alcanzando la gloria en un pequeño torneo escolar, ganando con los olvidados Demonios Negros el trofeo que para ese momento, superaba en su mente a cualquier éxito de cualquier equipo en un torneo de la Eurocopa o en el mismísimo mundial. También hable de como súbitamente nuestro personaje cayo de la nube en que andaba al participar en un torneo con un equipo de uniforme cuya elegancia era inversamente proporcional a sus capacidades futbolísticas, el Asturias. Ya en puerta de la nueva justa olímpica, entérese en esta segunda entrega de como descubrí que balones no solo hay en el fútbol.
Capítulo Segundo
Que cuenta del desarrollo de habilidades suicidas en durísimas canchas de Voleibol….
Haber sucumbido junto a otros 10 chamacos en las canchas del fútbol y bajo el nombre de un equipo bautizado por un personaje cuyo nombre y razón ha ocultado el velo del tiempo, todo después de descubrir la eufórica gloria con los Demonios Negros, supuso una depresión o frustración deportiva que a la razón de mi entonces tempranísima juventud, o más aún, todavía niñez, era injusta e imperdonable. ¿Como podía ver ahora al Hugo Sánchez y sus Pichichis tan tranquilamente sin recordar la derrota?.
Sucedió que el ciclo escolar terminaba y dado que el tiempo se desvanece lentamente a tan tempranas edades, unas vacaciones podían parecer una eternidad, sobretodo cuando entre listas de útiles y uniformes nuevos nacía cierta desesperación por regresar a los patios de la escuela, patios a los que la mente, aún desprovista de una medición realista de tantas cosas, insistía en definir como inmensos no solo en espacios, sino también en posibilidades de incontables diversiones y sucesos abrigados por el caos de los venideros recreos.
El regreso a esos patios supuso nuevos partidos de fútbol en los recreos pero nunca más la idea o la oportunidad de formar parte de las filas de otro equipo y me ví como espectador del entusiasmo en torno al torneo que se organizaba para dentro de unos meses. En su lugar, me ví súbita y extrañamente maravillado por un nuevo profesor de Educación Física rebosante de entusiasmo y de ideas que quería compartir con sus enclenques pupilos, así que sus clases fueron el portal para acercarme mucho a otros deportes, incluso aquel que me parecía de lo más extraño y que consistía en golpear una pera de box atada con una cuerda a un poste al que había que enrollarla y jugado entre dos competidores: mientras uno trataba de enrollarla en un sentido, otro lo intentaba en contrasentido, ganando aquel que lograra enrollarla en el sentido que le correspondía. Eso implicaba a veces una cara roja y un ardor de cachetada si la pera le encontraba a uno el rostro en su camino.
Había mucha preparación física, muchos castigos rodeando el patio en cuclillas si Menganito no traía el uniforme o si Zutanito no traía su balón, pero a su vez fueron saliendo de la chistera del profesor -un costal de yute de dimensiones indecibles- una serie de formas esféricas o semiesféricas que no tenían que ver con el fútbol: pelotas de béisbol, de tenis, de esponja, balones de fútbol americano, de básquetbol y de Voleibol. Y fue entonces que las marcas Voit y AMF se me quedaron grabadas porque el balón y la red de Voleibol me conquistaron.
Tuve mi balón de voleibol casi de manera inmediata y aún sin saber que era un Set o un punto porque a saber, el entusiasmo se contagio en mi madre que por entonces me entero de mil anécdotas de cuando jugó contra equipos universitarios de casi todo el país, en donde me contó que conoció jugadoras que se reventaban las yemas de los dedos golpeando al balón con todas las fuerzas que los corajes de la vida pueden dar. Ahora su hijo se adentraba en esos parajes en los que sabría que Rusia -Desde la extinta Unión Soviética- Cuba, Brasil y China han dejado paja de otros equipos.
Me vi en las canchas de voleibol haciendo pases y queriendo saltar para ofender a mi adversario e incrementar los puntos de mi equipo, dándome cuenta de que lo mío lo mío no era saltar por encima de la red para anotar y por el contrario, con sorpresa me enteré de forma un tanto casual que nuevamente en la cuestión defensiva estaba mi porvenir y mi fama: mi primer salvada espectacular del marcador consistió en aventarme inconscientemente en un impulso de esa pasión que solo los deportes dejan ver, mis piernitas me hicieron volar un metro y el balón regreso a la cancha, asunto que me dejo ciertamente confuso aunque más en el partido con la ovación de algunos y con la mirada perpleja del compañero Ugarte que no se privó de calificarme de loco y suicida, asunto para el que inicialmente no encontré una respuesta.
Vinieron más partidos y con ellos se acrecentó mi afición a las salvadas con las que no pocas veces, conforme el tiempo pasó, varios tuvieron motivo para reiterar mi locura con esos supuestos intentos de suicidio, gritos a los que respondí febrilmente como un integrante de Al Qaeda dispuesto a inmolarse por la causa del marcador, cuya baja en los números del equipo contrario llegue a sentir como mi responsabilidad. Actualmente me pregunto como es que mis rodillas no son mas imperfectas y como nunca me sucedió ni un raspón que requiriera mas que un simple lavado de agua con jabón.
Desafortunadamente mi incursión en el Voleibol llegó a su fin de una manera muy pronta e imprevista y no hubo oportunidad de por lo menos pensar en organizar un torneo ya que pocos éramos los aficionados y por otro lado, el entonces nuevo profesor dejo de ser nuevo y se convirtió en historia llevándose su entusiasmo y su diversidad de enseñanzas y balones a otra escuela para compartir todo aquello con otros estudiantes más afortunados… en su lugar llegó otro profesor que apenas si podía mover las piernas y no por su avanzada edad o porque se hubiera lesionado en un partido profesional, sino por su poca y contradictoria disposición a las actividades físicas, razón por la que nos encerraba en el salón para estudiar libritos de reglamentos deportivos que hablaban solo de eso, reglas deportivas y métodos para organizar torneos en Round Robin o por eliminatorias mientras yo, en mi butaca, esperaba que cuanto antes la chicharra sonara para que la clase terminara y saliera yo de aquel oscurantismo.
Pocas veces he vuelto a jugar voleibol desde entonces y solo ha sido en ocasiones en las que mi madre y su familia organizan un juego un día de asueto pero se que ahora me andaría con muchos rodeos para aventarme y hacer una salvada como entonces.
Continuará…
De mi no alergia…
Hace semana y media salí de viaje de trabajo con mi socio y compañero DT, el viaje duraría aun no sabíamos si dos días y medio o tres días; había que llegar el jueves en la tarde a nuestro destino, Ixtapan de la Sal, y regresar ya fuera el sábado por la noche o el domingo muy temprano, según viéramos fuera lo mas conveniente en el momento.
La idea del viaje fue asistir a un congreso y sucedió que los días transcurrieron por horas a veces interesantes, a veces muy aburridas, a veces desesperantemente desperdiciadas y a veces muy bien aprovechadas según fueran los temas y los expositores; el viernes por la tarde lo único que me molestaba era un expositor con un ego aplastante y nefasto y dos granitos que me salieron en el brazo derecho. Ese asunto de los granitos más que molestarme me sorprendió ya que no pense que me fueran a picar los moscos, rara vez lo hacen cuando ando de viaje. Y mis granitos me hicieron compañía hasta que llego la noche del sábado cuando entre la entrega de reconocimientos a los asistentes y las palabras de clausura y los etcéteras, llego la medianoche y decidimos regresar al día siguiente.
En la habitación, después de esa suculenta cena a base de carnes, descubrí que los malvados moscos me habían picado tambien en la panza dejándome otros dos granos y uno en la planta del pie. Pero eso no dejo de permitir que pasara una noche muy descansada después de ver algunas tonterías en la televisión gringa que ofrecía el hotel entre sus 50,000 canales… 49,979 de ellos bloqueados.
El domingo nos levantamos a desayunar y platicamos un poco con algunos de los nuevos conocidos, concertando citas para posibles negocios y minutos después de eso salimos. Veníamos en camino cuando por unos momentos sentí que el mundo ardía en un calor infernal, pero eso me pareció delirium tremens pues yo estaba muy agusto en ese hotel y no me quedaba otra cosa mas que regresar a mi DF junto con otros dos granitos que me salieron en una mano, pero esta vez, vi detenidamente ese par de granitos, tan elocuentes y coloraditos que me parecieron tan extraños como un hielo puede ser extraño dentro del horno de la estufa. Y comente con DT que parecía que me había surgido una alergia pero que me parecía algo imposible puesto que nunca he sido alérgico mas que a los reglamentos y a la religión.
Mi madre me esperaba en casa, platiqué unos minutos con ella de lo que había pasado en ese viaje tan corto y tan cerca, terminando por contarle de mi extraña alergia… y medio minuto después estaba enterándome de que ni los moscos me picaron, ni tampoco tengo alergia, lo que tengo es nada mas y nada menos que Varicela… mmm.
No me parecio grave y decidí que el lunes iría al doctor para que me atendieran y ese domingo me dormí casi todo el día, hasta que ya en la nochecita, decidí levantarme a cenar algo… y lo que cené, fue en primer lugar, susto… y en segundo, creo que nada. Traía yo la cara hinchada en donde me salieron cerca de 50 granos y varios de ellos eran enormes, o al menos lo parecían y estaba yo muy cansado; me vi además la panza y la espalda y los brazos y las piernas y todas las demás partes del cuerpo vestidas de un bonito traje de motitas rojas, unas grandotas y otras chiquitas. Quise leer en internet acerca de la varicela, pero lo único que pude hacer fue volver a caer muerto en la cama, hasta que amanecio el lunes.
A medio día la doctora me recetaba un medio kilo de tabletas de todos los colores cada seis horas, cosa que garantizaría mi salud pronta. Eso y la visita al dermatólogo para que la vanidad no fuese un problema futuro por aquello de las cicatrices, “el Dr. Díaz es muy bueno”, me dijo. Salí de con la doctora hacia la farmacia donde me “amputaron” sin decir agua va una buena partida presupuestal. Ya en la tarde tenía fiebre y estaba con el dermatólogo, quien un poco alarmado me dijo que presentaba un cuadro muy severo y que me iba a tener que cambiar el tratamiento de la doctora general porque sus medicinas iban a ser tan eficaces como un tratamiento Mi Alegría, “Yo no se porque les gusta tanto recetar eso del Rapivir”, dijo, así que me recetó un retroviral supuestamente para profesionales: Zovirax 800mg, tan potente que según tumbaría a un gigante, y no solo por su acción medicante sino también por su acción en mi cartera, $1,800 la mugre cajita con 10 pastillas, suficiente dosis para sobrevivir un solo día. Y había que consumirla por 7 días, eso daba un presupuesto de $12,600… con esos números macabramente pensé por un momento que no querían decirme que en realidad lo que tenía era SIDA y que me daban atole con el dedo diciéndome que era una varicela que se me iba a quitar en 15 días… pero el doctor tuvo como buena voluntad el gran detalle de incluir en unas pequeñas letras el nombre genérico de la medicina y eso redujo impresionantemente lo que fue necesario invertir.
Y pasó ya una semana de que se me diagnosticó y encerró por varicela y de que se me lleno el cuerpo de pústulas, algunas marca diablo y otras un remedo de espinilla; No la he pasado realmente mal excepto por los dos primeros días que los pase con fiebre contínua y con unos dolores de cabeza eternos, pero eso ya paso. El verdadero problema ahora es que no he podido salir de aqui y que tengo citas pendientes del trabajo… y se supone que aún me falta como una semana. Esto esta pasando ahora y solo siento que esta semana lo único que podra salvarme es la bendita infraestructura esta con la que me conecto a la oficina y hago desde aqui lo que podría hacer allá… aunque el asunto de la enfermedad es una tentación demasiado grande para no hacer nada… del trabajo digo, porque ya ven que bonito esta este post.
Cuéntenme un chiste… o algo.
De mis incursiones deportivas…
Es verdad que muchos como yo prefieren el basquetbol y otros habrá que gusten más del beisbol o cualquier otro deporte pero basta ver la televisión y sin ir muy lejos, las características cascaritas en los patios de las escuelas, las unidades y edificios habitacionales, los deportivos, la misma calle y el numero de ligas locales de fútbol para darse cuenta de que en México, éste deporte es el que acapara la pasión llegando a los umbrales del fanatismo. Pero no vengo ni a decir improperios en contra, ni a festejar el fanatismo. Resulta que este post lo empecé a escribir como un comentario en el blog de Zereth y rápidamente me ví en las fronteras de la nostalgia recordarndo algunas de mis experiencias deportivas.
Capítulo Primero
Que cuenta del épico debut y despedida del autor de este blog en los campos de fútbol…
Cuando era muy chamaco, como buen mexicano, no podía ignorar el fútbol, muchos recreos y tardes pasé pateando pelotas y balones a diestra y siniestra, aunque confieso que realmente no era muy bueno, creo que más bien era malo, o en todo caso, lo fui por un tiempo. Si, lo fui hasta que descubrí que yo no podía ser Hugo Sánchez. Pero supe que podía ser un personaje futbolístico como el Emperador Claudio, o un buen portero como Jorge Campos. Porque como muchas o casi todas las disciplinas, los deportes también tienen sus especialidades y como quien dice, lo mío lo mío, era la defensa. Eso lo supe cuando estaba empezando sexto de primaria y vino acompañado de un segundo descubrimiento, podía ejecutar un tiro que a los mismísimos David Beckham y Zinedine Zidane matarían de envidia. He estado pensando los últimos minutos y no se como podía divisar la portería entre 600 chamacos a la hora del recreo, ni tampoco como podía atinarle precisamente al ángulo una y otra vez. Qué elegancia de tiro además: suave como el vuelo de una garza y certero como un halcón marino.
Estaba yo con la emoción encima de tan descomunales habilidades cuando me enteré que la escuela a la que recien me acababa de mudar, organizaba año con año un torneo de fútbol hecho y derecho, era algo impresionante pues en el patio hasta había porterías de verdad, no eran solo los dos frutsis o suéters acomodados para imaginarse una portería, no, eso eran las ligas mayores.
Fuera de las canchas jugaba con algunos vecinos del edificio donde vivo y golpeábamos puertas, paredes y ventanas por lo que constantemente algunos vecinos nos regañaban y la muchacha del departamento 9 con todo y su lindura nos aborrecía. Pero nosotros no teníamos mucha culpa, simplemente es que necesitábamos consumir todas las energías que quien sabe de donde salen a esas edades y en estos tiempos, al recordar los regaños, pienso que talvez los papás deberían en general promover el deporte con los hijos y llevarlos a inscribir a equipos de lo que prefieran para que gasten sus energías en otro sitio como un deportivo, donde pueda jugarse mas agusto, con mayor provecho en la práctica, con porra en las gradas y ante los reflejos de flamantes trofeos de plástico pintado de vinci dorada, el entusiasmo es lo que cuenta.
Se organizaba pues el torneo y los que mejor jugaban empezaban a hacer las selecciones; algunos otros como yo, con formas de juego menos espectaculares, parecíamos estar a la expectativa de ver si fulanito o menganito nos seleccionaba. Y recibí la impresionante noticia de que Víctor Freyre, alto y potente jugador, ídolo de la multitud escolar pues ya hasta jugaba en la cantera del Cruz Azul, me seleccionó como su defensa central, estaba también David Navarro (alias el Chino) con sus gambetas, un crack que me hacía morder el polvo casi siempre y Noel, un notable portero. Pasaba pues a ser parte del equipo títular de los míticos Demonios Negros, a la postre campeones indiscutibles del torneo con una legendaria estadística de muchos juegos ganados, cero empatados y cero perdidos, no se cuantos goles a favor y uno en contra. Muchos balonazos fueron a parar en mis flacas piernas y creo que hasta en la cara, el short blanco acababa de otro color a fuerza de barrerme incluso innecesariamente, pero lo ví como un gaje del oficio, ese cero en el marcador del equipo contrario era mi responsabilidad, de haberme encontrado un buscatalentos de la fifa, seguro no sería Rafa Márquez el que tuviera hoy tanta fama, sería el del otrora dorsal 9 en rojo de aquellos endemoniados escuincles. Mmmm. Bueno, quizás no tanto, pero permítanme emocionarme un poco hoy.
Curiosamente la escena que tengo más clara de todo ese torneo, aparte de la presentación de los equipos, es la del inicio del último partido. El balón le pertenecía a los temibles Demonios Negros y estaba a la espera del silbatazo inicial, mientras tanto, su defensa central brincaba inexplicablemente en el sitio en el que estaba y con una euforia más bien esquizoide veía a sus rivales… tan absorto estaba en su ritual de intimidación cavernícola que ni se enteró del silbatazo inicial y de que le mandaban en la primer jugada un pase, sólo se dio cuenta hasta que cayó parado sobre el mismísimo balón yéndose de nalgas hasta el piso, haciendo reír estrepitosamente al público. Pero la fiesta futbolística de aquella final debía seguir, se levantó y andó, detuvo las jugadas necesarias y al terminar el juego, recibió su trofeo, se convirtió en una leyenda local de la que solo el se acuerda y en la que solo el cree en estos tiempos.
Al año siguiente armar nuevamente ese equipo era imposible pues ya no estabamos todos en la misma escuela, pero me enrole en un equipo con otros que quien sabe de donde salieron y emergió el elegante Asturias, con casaca de vivos blancos sobre trama roja, short blanco en vivos rojos y calcetas blancas. Mmmm… algo así como una versión demo del Manchester United. Pero vaya Manchester que le toco al Asturias, todos los demás equipos, United, le dieron hasta por debajo de la lengua y creo que sino fue el equipo del fondo de la tabla, sí fue uno de los primeros en ser eliminados. No cabía duda de que el esplendor del defensa central de aquellos Demonios Negros había sido tan fuerte que no podría brillar mas de una vez.
Del síndrome de Touareg…
¿O Tourette?
Resulta que en ocasiones me da por maldecir sin razón alguna; debo confesar que lo hago muy conscientemente y digamos que en el 90% de las veces es por bromear o hacer reír a alguien.
Un día, caminando por la calle, insulté muy discretamente a unas personas desconocidas, tan discretamente lo hice que ovbiamente no se dieron cuenta, de hecho GA y KM -la pareja de amigos con quien yo iba- fueron las únicas personas que se enteraron. Estabamos en Coyoacán y la razón de los insultos fue meramente por bromear con la burguesía que dejaban ver los inocentes blancos de mi jocosa ira, andaban muy bien vestiditos y no podía faltar el ostentoso gadget en mano.
Tenía yo poco tiempo de conocer a GA. GA es psicóloga y en ocasiones anteriores había atestiguado situaciones similares que yo protagonizaba, algunas le causaron gracia y otras algún tipo de sorpresa, pero ese día, despues de la escena, me comento que padecía yo del Síndrome de Tuareg. Por supuesto que eso fue como dar un latigazo al fogonero de las calderas de mi curiosidad y provocó que ipso-facto preguntara yo que era ese síndrome, en que consistía y cuanto era relativamente el tiempo de lucidez que me restaba en esta vida; comenzó a decirme que es un síndrome que se manifiesta principalmente por maldecir sin razón aparente y sin la intención propia de insultar, sino simplemente de desahogar algún tipo de presión. No seguimos más en el tema porque ya saben como son esas tardes de sábado en Coyoacán, se nos habrá atravesado alguna alegoría punk, alguna artesanía o quizás solamente percibímos en el aire la poco glamorosa aunque siempre sugestiva escencia de Mary Jane.
El diagnóstico quedó en el olvido y hace tiempo recorde aquello, así que empecé a revolver las telarañas de la web en una búsqueda incesante de información sobre mi padecimiento. No encontraba nada, estaba a punto de abandonar la misión creyéndome ya un desahuciado mental y resignábame a internarme prontamente y por propia voluntad en el mas cercano hospital psiquiátrico que me quisiera recibir, pero un instante de lucidez dejo entrever una idea majestuosa y brillante: “busca síndrome en la gran mole de conocimientos de la Wikipedia“; una voz me hablaba desde quién sabe que recóndito lugar de mi cuarto de control.
Así que llegué a la wikipedia, donde buscando en la lista de los síndromes documentados en el sitio, encontre, al final, el Síndrome de Tourette (ST). Fonéticamente Tourette y Tuareg me parecieron nombres con un parecido demasiado casual y al leer el contenido me percaté de que la casualidad se hacía mayor… aquí va una breve semblanza -de verdad muy breve- del ST.
El síndrome de Tourette (ST) es un trastorno neurológico heredado que cursa con tics y sonidos vocales (fónicos) involuntarios. En algunos casos, tales tics incluyen palabras y frases inapropiadas.
Georges Gilles de la Tourette, neurólogo pionero francés publicó en 1885 un resumen de nueve casos. Otro médico, Jean Marc Gaspard Itard, describió por primera vez (1825) a una mujer noble francesa de 86 años de edad con la enfermedad.
La causa fundamental del ST es desconocida pero la investigación actual sugiere que hay una anormalidad en los genes afectando el metabolismo de algunos transmisores cerebrales y no todos los que lo padecen tienen otros trastornos además de los tics, aunque se cuentan casos con trastornos obsesivos-compulsivos, con deficit de atención, trastornos del sueño u otros… leer mas »
Leí el artículo y me di cuenta de que con la proporción en que se hacía mayor la base de lo que me habían medio contado, se hacía menor la veracidad de mi diagnóstico ya que de la lista de causas y efectos del ST, solo dos o tres podrían encajar conmigo. Pero como sea, es inofensivo.
O bueno, eso creo, ya tendre tiempo de hablar seriamente con GA sobre mi caso.











