De mis incursiones deportivas…
Es verdad que muchos como yo prefieren el basquetbol y otros habrá que gusten más del beisbol o cualquier otro deporte pero basta ver la televisión y sin ir muy lejos, las características cascaritas en los patios de las escuelas, las unidades y edificios habitacionales, los deportivos, la misma calle y el numero de ligas locales de fútbol para darse cuenta de que en México, éste deporte es el que acapara la pasión llegando a los umbrales del fanatismo. Pero no vengo ni a decir improperios en contra, ni a festejar el fanatismo. Resulta que este post lo empecé a escribir como un comentario en el blog de Zereth y rápidamente me ví en las fronteras de la nostalgia recordarndo algunas de mis experiencias deportivas.
Capítulo Primero
Que cuenta del épico debut y despedida del autor de este blog en los campos de fútbol…
Cuando era muy chamaco, como buen mexicano, no podía ignorar el fútbol, muchos recreos y tardes pasé pateando pelotas y balones a diestra y siniestra, aunque confieso que realmente no era muy bueno, creo que más bien era malo, o en todo caso, lo fui por un tiempo. Si, lo fui hasta que descubrí que yo no podía ser Hugo Sánchez. Pero supe que podía ser un personaje futbolístico como el Emperador Claudio, o un buen portero como Jorge Campos. Porque como muchas o casi todas las disciplinas, los deportes también tienen sus especialidades y como quien dice, lo mío lo mío, era la defensa. Eso lo supe cuando estaba empezando sexto de primaria y vino acompañado de un segundo descubrimiento, podía ejecutar un tiro que a los mismísimos David Beckham y Zinedine Zidane matarían de envidia. He estado pensando los últimos minutos y no se como podía divisar la portería entre 600 chamacos a la hora del recreo, ni tampoco como podía atinarle precisamente al ángulo una y otra vez. Qué elegancia de tiro además: suave como el vuelo de una garza y certero como un halcón marino.
Estaba yo con la emoción encima de tan descomunales habilidades cuando me enteré que la escuela a la que recien me acababa de mudar, organizaba año con año un torneo de fútbol hecho y derecho, era algo impresionante pues en el patio hasta había porterías de verdad, no eran solo los dos frutsis o suéters acomodados para imaginarse una portería, no, eso eran las ligas mayores.
Fuera de las canchas jugaba con algunos vecinos del edificio donde vivo y golpeábamos puertas, paredes y ventanas por lo que constantemente algunos vecinos nos regañaban y la muchacha del departamento 9 con todo y su lindura nos aborrecía. Pero nosotros no teníamos mucha culpa, simplemente es que necesitábamos consumir todas las energías que quien sabe de donde salen a esas edades y en estos tiempos, al recordar los regaños, pienso que talvez los papás deberían en general promover el deporte con los hijos y llevarlos a inscribir a equipos de lo que prefieran para que gasten sus energías en otro sitio como un deportivo, donde pueda jugarse mas agusto, con mayor provecho en la práctica, con porra en las gradas y ante los reflejos de flamantes trofeos de plástico pintado de vinci dorada, el entusiasmo es lo que cuenta.
Se organizaba pues el torneo y los que mejor jugaban empezaban a hacer las selecciones; algunos otros como yo, con formas de juego menos espectaculares, parecíamos estar a la expectativa de ver si fulanito o menganito nos seleccionaba. Y recibí la impresionante noticia de que Víctor Freyre, alto y potente jugador, ídolo de la multitud escolar pues ya hasta jugaba en la cantera del Cruz Azul, me seleccionó como su defensa central, estaba también David Navarro (alias el Chino) con sus gambetas, un crack que me hacía morder el polvo casi siempre y Noel, un notable portero. Pasaba pues a ser parte del equipo títular de los míticos Demonios Negros, a la postre campeones indiscutibles del torneo con una legendaria estadística de muchos juegos ganados, cero empatados y cero perdidos, no se cuantos goles a favor y uno en contra. Muchos balonazos fueron a parar en mis flacas piernas y creo que hasta en la cara, el short blanco acababa de otro color a fuerza de barrerme incluso innecesariamente, pero lo ví como un gaje del oficio, ese cero en el marcador del equipo contrario era mi responsabilidad, de haberme encontrado un buscatalentos de la fifa, seguro no sería Rafa Márquez el que tuviera hoy tanta fama, sería el del otrora dorsal 9 en rojo de aquellos endemoniados escuincles. Mmmm. Bueno, quizás no tanto, pero permítanme emocionarme un poco hoy.
Curiosamente la escena que tengo más clara de todo ese torneo, aparte de la presentación de los equipos, es la del inicio del último partido. El balón le pertenecía a los temibles Demonios Negros y estaba a la espera del silbatazo inicial, mientras tanto, su defensa central brincaba inexplicablemente en el sitio en el que estaba y con una euforia más bien esquizoide veía a sus rivales… tan absorto estaba en su ritual de intimidación cavernícola que ni se enteró del silbatazo inicial y de que le mandaban en la primer jugada un pase, sólo se dio cuenta hasta que cayó parado sobre el mismísimo balón yéndose de nalgas hasta el piso, haciendo reír estrepitosamente al público. Pero la fiesta futbolística de aquella final debía seguir, se levantó y andó, detuvo las jugadas necesarias y al terminar el juego, recibió su trofeo, se convirtió en una leyenda local de la que solo el se acuerda y en la que solo el cree en estos tiempos.
Al año siguiente armar nuevamente ese equipo era imposible pues ya no estabamos todos en la misma escuela, pero me enrole en un equipo con otros que quien sabe de donde salieron y emergió el elegante Asturias, con casaca de vivos blancos sobre trama roja, short blanco en vivos rojos y calcetas blancas. Mmmm… algo así como una versión demo del Manchester United. Pero vaya Manchester que le toco al Asturias, todos los demás equipos, United, le dieron hasta por debajo de la lengua y creo que sino fue el equipo del fondo de la tabla, sí fue uno de los primeros en ser eliminados. No cabía duda de que el esplendor del defensa central de aquellos Demonios Negros había sido tan fuerte que no podría brillar mas de una vez.











