De mis incursiones deportivas*…

Agosto 06th, 2008 | Por las sendas de: Anécdotas, Blogsecuencia, Deporte, Flashback

En la primer entrega de mis incursiones deportivas hable del escuinclito imberbe que descubrió asombrado sus capacidades como defensa central de fútbol alcanzando la gloria en un pequeño torneo escolar, ganando con los olvidados Demonios Negros el trofeo que para ese momento, superaba en su mente a cualquier éxito de cualquier equipo en un torneo de la Eurocopa o en el mismísimo mundial. También hable de como súbitamente nuestro personaje cayo de la nube en que andaba al participar en un torneo con un equipo de uniforme cuya elegancia era inversamente proporcional a sus capacidades futbolísticas, el Asturias. Ya en puerta de la nueva justa olímpica, entérese en esta segunda entrega de como descubrí que balones no solo hay en el fútbol.

 

Capítulo Segundo
Que cuenta del desarrollo de habilidades suicidas en durísimas canchas de Voleibol….

Haber sucumbido junto a otros 10 chamacos en las canchas del fútbol y bajo el nombre de un equipo bautizado por un personaje cuyo nombre y razón ha ocultado el velo del tiempo, todo después de descubrir la eufórica gloria con los Demonios Negros, supuso una depresión o frustración deportiva que a la razón de mi entonces tempranísima juventud, o más aún, todavía niñez, era injusta e imperdonable. ¿Como podía ver ahora al Hugo Sánchez y sus Pichichis tan tranquilamente sin recordar la derrota?.

Sucedió que el ciclo escolar terminaba y dado que el tiempo se desvanece lentamente a tan tempranas edades, unas vacaciones podían parecer una eternidad, sobretodo cuando entre listas de útiles y uniformes nuevos nacía cierta desesperación por regresar a los patios de la escuela, patios a los que la mente, aún desprovista de una medición realista de tantas cosas, insistía en definir como inmensos no solo en espacios, sino también en posibilidades de incontables diversiones y sucesos abrigados por el caos de los venideros recreos.

El regreso a esos patios supuso nuevos partidos de fútbol en los recreos pero nunca más la idea o la oportunidad de formar parte de las filas de otro equipo y me ví como espectador del entusiasmo en torno al torneo que se organizaba para dentro de unos meses. En su lugar, me ví súbita y extrañamente maravillado por un nuevo profesor de Educación Física rebosante de entusiasmo y de ideas que quería compartir con sus enclenques pupilos, así que sus clases fueron el portal para acercarme mucho a otros deportes, incluso aquel que me parecía de lo más extraño y que consistía en golpear una pera de box atada con una cuerda a un poste al que había que enrollarla y jugado entre dos competidores: mientras uno trataba de enrollarla en un sentido, otro lo intentaba en contrasentido, ganando aquel que lograra enrollarla en el sentido que le correspondía. Eso implicaba a veces una cara roja y un ardor de cachetada si la pera le encontraba a uno el rostro en su camino.

Había mucha preparación física, muchos castigos rodeando el patio en cuclillas si Menganito no traía el uniforme o si Zutanito no traía su balón, pero a su vez fueron saliendo de la chistera del profesor -un costal de yute de dimensiones indecibles- una serie de formas esféricas o semiesféricas que no tenían que ver con el fútbol: pelotas de béisbol, de tenis, de esponja, balones de fútbol americano, de básquetbol y de Voleibol. Y fue entonces que las marcas Voit y AMF se me quedaron grabadas porque el balón y la red de Voleibol me conquistaron.

Tuve mi balón de voleibol casi de manera inmediata y aún sin saber que era un Set o un punto porque a saber, el entusiasmo se contagio en mi madre que por entonces me entero de mil anécdotas de cuando jugó contra equipos universitarios de casi todo el país, en donde me contó que conoció jugadoras que se reventaban las yemas de los dedos golpeando al balón con todas las fuerzas que los corajes de la vida pueden dar. Ahora su hijo se adentraba en esos parajes en los que sabría que Rusia -Desde la extinta Unión Soviética- Cuba, Brasil y China han dejado paja de otros equipos.

Me vi en las canchas de voleibol haciendo pases y queriendo saltar para ofender a mi adversario e incrementar los puntos de mi equipo, dándome cuenta de que lo mío lo mío no era saltar por encima de la red para anotar y por el contrario, con sorpresa me enteré de forma un tanto casual que nuevamente en la cuestión defensiva estaba mi porvenir y mi fama: mi primer salvada espectacular del marcador consistió en aventarme inconscientemente en un impulso de esa pasión que solo los deportes dejan ver, mis piernitas me hicieron volar un metro y el balón regreso a la cancha, asunto que me dejo ciertamente confuso aunque más en el partido con la ovación de algunos y con la mirada perpleja del compañero Ugarte que no se privó de calificarme de loco y suicida, asunto para el que inicialmente no encontré una respuesta.

Vinieron más partidos y con ellos se acrecentó mi afición a las salvadas con las que no pocas veces, conforme el tiempo pasó, varios tuvieron motivo para reiterar mi locura con esos supuestos intentos de suicidio, gritos a los que respondí febrilmente como un integrante de Al Qaeda dispuesto a inmolarse por la causa del marcador, cuya baja en los números del equipo contrario llegue a sentir como mi responsabilidad. Actualmente me pregunto como es que mis rodillas no son mas imperfectas y como nunca me sucedió ni un raspón que requiriera mas que un simple lavado de agua con jabón.

Desafortunadamente mi incursión en el Voleibol llegó a su fin de una manera muy pronta e imprevista y no hubo oportunidad de por lo menos pensar en organizar un torneo ya que pocos éramos los aficionados y por otro lado, el entonces nuevo profesor dejo de ser nuevo y se convirtió en historia llevándose su entusiasmo y su diversidad de enseñanzas y balones a otra escuela para compartir todo aquello con otros estudiantes más afortunados… en su lugar llegó otro profesor que apenas si podía mover las  piernas y no por su avanzada edad o porque se hubiera lesionado en un partido profesional, sino por su poca y contradictoria disposición a las actividades físicas, razón por la que nos encerraba en el salón para estudiar libritos de reglamentos deportivos que hablaban solo de eso, reglas deportivas y métodos para organizar torneos en Round Robin o por eliminatorias mientras yo, en mi butaca, esperaba que cuanto antes la chicharra sonara para que la clase terminara y saliera yo de aquel oscurantismo.

Pocas veces he vuelto a jugar voleibol desde entonces y solo ha sido en ocasiones en las que mi madre y su familia organizan un juego un día de asueto pero se que ahora me andaría con muchos rodeos para aventarme y hacer una salvada como entonces.

Continuará…

Por ahm; 23:49 hrs. ~ 3 huellas