Soneto a la ausencia
Es más fría la ausencia que el mosaico
donde yazco no siendo lo que fuere,
donde aguardo la voz que me declare
vivo, muerto, auténtico o prosaico
y el soneto a la ausencia le dedico
a falta de presencia que me ampare,
deseando que el verso consiguiere
la tregua o la presencia que suplico.
Dame ausencia de luz algún sustento
o mi exiguo latir ya no desveles
y sella de una vez mi testamento,
sepúltame aquí ausencia entre claveles
y graba en mi epitafio un pensamiento
dejando por presencia un nomeolvides.
Salvataje
La condena
Cárcel es la certidumbre
y mi domicilio fijo
cuando en el tema es costumbre
que se ignore lo que elijo
ya que solo entre la lumbre
de una pira de humo y mijo,
se deja siempre mi nombre
sin justa razón ni cobijo
a que se consuma el hombre
con lo que se hizo y se dijo.
He tratado de escapar
por la noche en el expreso
y de día sin respirar
por un canal del exceso,
o también al destilar
aquello que puedo en verso.
No lo he podido lograr
ni he estado cerca de eso…
una vez pude apelar
revisión de mi proceso.
Superé largo trámite
solicitando una audiencia
y antes haciendo desquite
preparando mi ponencia,
diciéndome: quien quite
y la juez en concordancia
con la ley -que lo permite-
me perdone la existencia:
regresóme a mi escondite
“por mi bien y en mi defensa”.
Le pregunté causa y cargo
de la perpetua cadena
y causa legal sin embargo
nunca escuché en su condena,
se que fui discriminado
por un “delito” sin pena
y así en estupor amargo
y en la celda que me almacena,
soy hoy carne y soy letargo,
el despojo de esa escena…
Es hermética y bestial
esta caliente prisión
y nunca cede el metal
de su firme construcción,
por ser condena mortal
no me otorga concesión
y me abandona al final
a la errante procesión
cuya tortura real
es cargar la frustración.
El barco
Se desliza frágil y desesperado por el agua
extendiendo velas percudidas ante el sol,
rozan suavemente su delgada manga
las olas que presiente el corazón,
con apenas unos metros la pequeña eslora
flota y sueña a toda hora sin razón.
Se acompaña siempre de gaviotas peregrinas
por amaneceres tranquilos, amarillos,
y la cálida esperanza le moja con las brisas
mientras busca susurrante en viejos puertos,
entonces se detiene a descansar al medio día
para no quebrar la quilla en sus delirios.
Luego, melancólico, surca atardeceres,
persigue el horizonte diariamente
y le revientan día a día entre las corrientes,
mar y viento que en cubierta son su azote,
mientras busca incesante las razones
que estarán en un lugar inexistente.
Y le grita al final, ya de noche y angustiado,
a una luna que observa el mar embravecido,
no cede y es que no se sabe aun perdido,
le pregunta solo el rumbo, pequeñito,
solo crujen sus mampáros, sus sentidos,
solo es que ya naufraga o ya esta hundido.
Entes de jabón
Intentando haikus, son de los primeros que intento y los hago inspirándome en una serie experimental de imágenes de pompas de jabón que aún no he terminado y que para variar un poco fueron tomadas en el lago menor de Chapultepec.
Sobre los versos, mentiría si me dijera experto en métrica pero me parece que cumplen con la correcta. Hubo variantes que no me convencieron en absoluto pero rescato estas cuatro. En singular y en plural, juegos de palabras, metáforas insipientes si usted quiere; en ellos trato de hablar de algo en particular.
Sin más, lea, interprete y juzgue usted.
Cuasiausente lector, no tome esto como una encuesta formal pero en lo posible platíqueme su interpretación general. Si se vale preguntar, ¿Cual de los cuatro le agrada más?, ¿Y de las imágenes?, ¿sintió algo en particular al ver una imagen o leer alguno de los versos?… anímese, no sea rudo o displicente pero tampoco complaciente… se le agradecerá el detalle.
Sin dispararme
Hoy sentí cierta presión
al tocar el botón
de las reflex, mi canon, mi nikon,
tambien el de la kodak digital,
la presión por la idea genial,
el mero impulso documental
de conservar una imagen
en la que mis formas se guarden.
Y quise saber como, eterno,
estar en película o sílice moderno,
no queriendo revelar esta mirada,
tan densa, tan pesada,
tan ilusa, tan pendiente
del recuerdo aplastante,
quise solo guardar la forma
sin conservar el hoy de mi alma.
Y la presión me contuvo,
mi dedo pasivo se mantuvo,
pensé en morir para luego retratarme,
no existir, ser otro, reinventarme
y guardarme el cuerpo apenas
en una morgue de papel, sin penas,
separarme un instante del espíritu
y mantenerme in situ.
He estado pensando
en como tomarme una foto
sin tener que dispararme.











