Recuerdo

Recuerdo esa sonrisa que invita a sobrevivir, me miraba como cuando los niños miran el cielo sin esperar nada más que la belleza del sol, de la lluvia o de la nube que pasa solo porque tiene que pasar, no era esa sonrisa obligada o la que inquiere o espera algo, era la sonrisa de quien sonríe porque tiene que sonreír o sino se le marchita el alma.
A mí casi se me ha olvidado sonreír. Me río de los buenos chistes, aquellos que son buenos para mi humor, me río de las situaciones estúpidas para las que mi cerebro no tiene otra respuesta más lógica como las ironías que se suceden en la vida diaria, me río de los perros que no pueden alcanzar al gato que al final de una carrera se les escapa trepándose a un árbol para quedarse ahí lamiéndose las patas mientras el perro jadea debajo entre ladridos. Sí, me río cuando algo me dice explícitamente que debo reír, pero he caído en la cuenta de que mi risa es casi mecánica, una respuesta cerebral, casi he olvidado sonreír.
He olvidado sonreír solo porque me he despertado nuevamente, porque el pajarito que esta junto a mí en la banca del jardín busca la mejor ramita para construir su nido, he olvidado sonreír porque aún existe el sol en primavera y la lluvia en el verano, las hojas secas en otoño y un frío infernal en el invierno. Sí, infernal, es que soy muy friolento.
Recuerdo que un día sonreía porque debía sonreír o si no se me marchitaba el alma, pero eso era antes de que lo que quedaba de mi inocente sonrisa se fuera tras tu silvestre sonrisa. Yo me he quedado sin nada. Sí, así siento.
Memorias, letras y artificio
He vivido en el deseo añorante
del que clama algo feliz y necesario.
He soñado en una Luna oscura
vestida de luz e incandescencia,
he dejado de vivir con esa holgura
en su indómita y feroz omnipresencia.
He dejado grave al tiempo
transitar sobre mi cuerpo,
a una luz golpearme la cabeza
siguiendo desbocado una proeza
y a esta oscuridad en la que en pausa, in situ
se me cega y aletarga el noble espíritu.
Se me ha ido la vida en un deseo,
en el sueño añorante del que clama
por solo un final feliz y necesario,
se me ha ido con nombres el deseo
y despierto aquí al borde de la cama
lloro solo los escombros de un palacio,
la utópica inocencia que poseo,
la montaña de memorias del que cava
una tumba de letras y artificio,
un pasado, un presente y un futuro.
Soneto a la ausencia
Es más fría la ausencia que el mosaico
donde yazco no siendo lo que fuere,
donde aguardo la voz que me declare
vivo, muerto, auténtico o prosaico
y el soneto a la ausencia le dedico
a falta de presencia que me ampare,
deseando que el verso consiguiere
la tregua o la presencia que suplico.
Dame ausencia de luz algún sustento
o mi exiguo latir ya no desveles
y sella de una vez mi testamento,
sepúltame aquí ausencia entre claveles
y graba en mi epitafio un pensamiento
dejando por presencia un nomeolvides.
Navego solo
Navego en esta mar, navego
en una forma de encerrarme
al no encontrarme aquí
mas que sintiendo en fragua
esta constante pulsación,
esta profunda pausa en clave
de SOS que vibra marítima
buscando siempre la voz
de tus latidos,
la ola brava y espumosa
que moje mis velas
al tocarte.
Navego en esta mar de letras
para encontrarte entre líneas
porque me encuentro perdido
y sin norte ni estrella más alla
del lucero de la paz
que redimiste con tu beso,
sin más mapa que el esbozo
que dibuja en mi la fuerza
inquebrantable de quererte,
sin más nave que este afán
y el remo idestructible
por vivirte.
Navego solo en esta mar
al reinventarme en un barco
que viaja con bandera
de indómita esperanza,
solo busco y rebusco corazón,
mi albor, mi vela,
un tibio y verdadero amanecer
en tu mirada.
El Ermitaño
Vive solo en su guarida,
sin voz ni presencia
que someta el ruido
de su anónima existencia,
que aunque incierta,
está sin números
ni etiquetas
y sin más constancia del tiempo
que aquella que retumba
en sus memorias.
En la trinchera perfecta
permanece
y elucubra con mirada humeda…
pernocta cavilante
en la aridez de la ausencia
que lo encierra.
De mis incursiones deportivas*…
En la primer entrega de mis incursiones deportivas hable del escuinclito imberbe que descubrió asombrado sus capacidades como defensa central de fútbol alcanzando la gloria en un pequeño torneo escolar, ganando con los olvidados Demonios Negros el trofeo que para ese momento, superaba en su mente a cualquier éxito de cualquier equipo en un torneo de la Eurocopa o en el mismísimo mundial. También hable de como súbitamente nuestro personaje cayo de la nube en que andaba al participar en un torneo con un equipo de uniforme cuya elegancia era inversamente proporcional a sus capacidades futbolísticas, el Asturias. Ya en puerta de la nueva justa olímpica, entérese en esta segunda entrega de como descubrí que balones no solo hay en el fútbol.
Capítulo Segundo
Que cuenta del desarrollo de habilidades suicidas en durísimas canchas de Voleibol….
Haber sucumbido junto a otros 10 chamacos en las canchas del fútbol y bajo el nombre de un equipo bautizado por un personaje cuyo nombre y razón ha ocultado el velo del tiempo, todo después de descubrir la eufórica gloria con los Demonios Negros, supuso una depresión o frustración deportiva que a la razón de mi entonces tempranísima juventud, o más aún, todavía niñez, era injusta e imperdonable. ¿Como podía ver ahora al Hugo Sánchez y sus Pichichis tan tranquilamente sin recordar la derrota?.
Sucedió que el ciclo escolar terminaba y dado que el tiempo se desvanece lentamente a tan tempranas edades, unas vacaciones podían parecer una eternidad, sobretodo cuando entre listas de útiles y uniformes nuevos nacía cierta desesperación por regresar a los patios de la escuela, patios a los que la mente, aún desprovista de una medición realista de tantas cosas, insistía en definir como inmensos no solo en espacios, sino también en posibilidades de incontables diversiones y sucesos abrigados por el caos de los venideros recreos.
El regreso a esos patios supuso nuevos partidos de fútbol en los recreos pero nunca más la idea o la oportunidad de formar parte de las filas de otro equipo y me ví como espectador del entusiasmo en torno al torneo que se organizaba para dentro de unos meses. En su lugar, me ví súbita y extrañamente maravillado por un nuevo profesor de Educación Física rebosante de entusiasmo y de ideas que quería compartir con sus enclenques pupilos, así que sus clases fueron el portal para acercarme mucho a otros deportes, incluso aquel que me parecía de lo más extraño y que consistía en golpear una pera de box atada con una cuerda a un poste al que había que enrollarla y jugado entre dos competidores: mientras uno trataba de enrollarla en un sentido, otro lo intentaba en contrasentido, ganando aquel que lograra enrollarla en el sentido que le correspondía. Eso implicaba a veces una cara roja y un ardor de cachetada si la pera le encontraba a uno el rostro en su camino.
Había mucha preparación física, muchos castigos rodeando el patio en cuclillas si Menganito no traía el uniforme o si Zutanito no traía su balón, pero a su vez fueron saliendo de la chistera del profesor -un costal de yute de dimensiones indecibles- una serie de formas esféricas o semiesféricas que no tenían que ver con el fútbol: pelotas de béisbol, de tenis, de esponja, balones de fútbol americano, de básquetbol y de Voleibol. Y fue entonces que las marcas Voit y AMF se me quedaron grabadas porque el balón y la red de Voleibol me conquistaron.
Tuve mi balón de voleibol casi de manera inmediata y aún sin saber que era un Set o un punto porque a saber, el entusiasmo se contagio en mi madre que por entonces me entero de mil anécdotas de cuando jugó contra equipos universitarios de casi todo el país, en donde me contó que conoció jugadoras que se reventaban las yemas de los dedos golpeando al balón con todas las fuerzas que los corajes de la vida pueden dar. Ahora su hijo se adentraba en esos parajes en los que sabría que Rusia -Desde la extinta Unión Soviética- Cuba, Brasil y China han dejado paja de otros equipos.
Me vi en las canchas de voleibol haciendo pases y queriendo saltar para ofender a mi adversario e incrementar los puntos de mi equipo, dándome cuenta de que lo mío lo mío no era saltar por encima de la red para anotar y por el contrario, con sorpresa me enteré de forma un tanto casual que nuevamente en la cuestión defensiva estaba mi porvenir y mi fama: mi primer salvada espectacular del marcador consistió en aventarme inconscientemente en un impulso de esa pasión que solo los deportes dejan ver, mis piernitas me hicieron volar un metro y el balón regreso a la cancha, asunto que me dejo ciertamente confuso aunque más en el partido con la ovación de algunos y con la mirada perpleja del compañero Ugarte que no se privó de calificarme de loco y suicida, asunto para el que inicialmente no encontré una respuesta.
Vinieron más partidos y con ellos se acrecentó mi afición a las salvadas con las que no pocas veces, conforme el tiempo pasó, varios tuvieron motivo para reiterar mi locura con esos supuestos intentos de suicidio, gritos a los que respondí febrilmente como un integrante de Al Qaeda dispuesto a inmolarse por la causa del marcador, cuya baja en los números del equipo contrario llegue a sentir como mi responsabilidad. Actualmente me pregunto como es que mis rodillas no son mas imperfectas y como nunca me sucedió ni un raspón que requiriera mas que un simple lavado de agua con jabón.
Desafortunadamente mi incursión en el Voleibol llegó a su fin de una manera muy pronta e imprevista y no hubo oportunidad de por lo menos pensar en organizar un torneo ya que pocos éramos los aficionados y por otro lado, el entonces nuevo profesor dejo de ser nuevo y se convirtió en historia llevándose su entusiasmo y su diversidad de enseñanzas y balones a otra escuela para compartir todo aquello con otros estudiantes más afortunados… en su lugar llegó otro profesor que apenas si podía mover las piernas y no por su avanzada edad o porque se hubiera lesionado en un partido profesional, sino por su poca y contradictoria disposición a las actividades físicas, razón por la que nos encerraba en el salón para estudiar libritos de reglamentos deportivos que hablaban solo de eso, reglas deportivas y métodos para organizar torneos en Round Robin o por eliminatorias mientras yo, en mi butaca, esperaba que cuanto antes la chicharra sonara para que la clase terminara y saliera yo de aquel oscurantismo.
Pocas veces he vuelto a jugar voleibol desde entonces y solo ha sido en ocasiones en las que mi madre y su familia organizan un juego un día de asueto pero se que ahora me andaría con muchos rodeos para aventarme y hacer una salvada como entonces.
Continuará…
De mis incursiones deportivas…
Es verdad que muchos como yo prefieren el basquetbol y otros habrá que gusten más del beisbol o cualquier otro deporte pero basta ver la televisión y sin ir muy lejos, las características cascaritas en los patios de las escuelas, las unidades y edificios habitacionales, los deportivos, la misma calle y el numero de ligas locales de fútbol para darse cuenta de que en México, éste deporte es el que acapara la pasión llegando a los umbrales del fanatismo. Pero no vengo ni a decir improperios en contra, ni a festejar el fanatismo. Resulta que este post lo empecé a escribir como un comentario en el blog de Zereth y rápidamente me ví en las fronteras de la nostalgia recordarndo algunas de mis experiencias deportivas.
Capítulo Primero
Que cuenta del épico debut y despedida del autor de este blog en los campos de fútbol…
Cuando era muy chamaco, como buen mexicano, no podía ignorar el fútbol, muchos recreos y tardes pasé pateando pelotas y balones a diestra y siniestra, aunque confieso que realmente no era muy bueno, creo que más bien era malo, o en todo caso, lo fui por un tiempo. Si, lo fui hasta que descubrí que yo no podía ser Hugo Sánchez. Pero supe que podía ser un personaje futbolístico como el Emperador Claudio, o un buen portero como Jorge Campos. Porque como muchas o casi todas las disciplinas, los deportes también tienen sus especialidades y como quien dice, lo mío lo mío, era la defensa. Eso lo supe cuando estaba empezando sexto de primaria y vino acompañado de un segundo descubrimiento, podía ejecutar un tiro que a los mismísimos David Beckham y Zinedine Zidane matarían de envidia. He estado pensando los últimos minutos y no se como podía divisar la portería entre 600 chamacos a la hora del recreo, ni tampoco como podía atinarle precisamente al ángulo una y otra vez. Qué elegancia de tiro además: suave como el vuelo de una garza y certero como un halcón marino.
Estaba yo con la emoción encima de tan descomunales habilidades cuando me enteré que la escuela a la que recien me acababa de mudar, organizaba año con año un torneo de fútbol hecho y derecho, era algo impresionante pues en el patio hasta había porterías de verdad, no eran solo los dos frutsis o suéters acomodados para imaginarse una portería, no, eso eran las ligas mayores.
Fuera de las canchas jugaba con algunos vecinos del edificio donde vivo y golpeábamos puertas, paredes y ventanas por lo que constantemente algunos vecinos nos regañaban y la muchacha del departamento 9 con todo y su lindura nos aborrecía. Pero nosotros no teníamos mucha culpa, simplemente es que necesitábamos consumir todas las energías que quien sabe de donde salen a esas edades y en estos tiempos, al recordar los regaños, pienso que talvez los papás deberían en general promover el deporte con los hijos y llevarlos a inscribir a equipos de lo que prefieran para que gasten sus energías en otro sitio como un deportivo, donde pueda jugarse mas agusto, con mayor provecho en la práctica, con porra en las gradas y ante los reflejos de flamantes trofeos de plástico pintado de vinci dorada, el entusiasmo es lo que cuenta.
Se organizaba pues el torneo y los que mejor jugaban empezaban a hacer las selecciones; algunos otros como yo, con formas de juego menos espectaculares, parecíamos estar a la expectativa de ver si fulanito o menganito nos seleccionaba. Y recibí la impresionante noticia de que Víctor Freyre, alto y potente jugador, ídolo de la multitud escolar pues ya hasta jugaba en la cantera del Cruz Azul, me seleccionó como su defensa central, estaba también David Navarro (alias el Chino) con sus gambetas, un crack que me hacía morder el polvo casi siempre y Noel, un notable portero. Pasaba pues a ser parte del equipo títular de los míticos Demonios Negros, a la postre campeones indiscutibles del torneo con una legendaria estadística de muchos juegos ganados, cero empatados y cero perdidos, no se cuantos goles a favor y uno en contra. Muchos balonazos fueron a parar en mis flacas piernas y creo que hasta en la cara, el short blanco acababa de otro color a fuerza de barrerme incluso innecesariamente, pero lo ví como un gaje del oficio, ese cero en el marcador del equipo contrario era mi responsabilidad, de haberme encontrado un buscatalentos de la fifa, seguro no sería Rafa Márquez el que tuviera hoy tanta fama, sería el del otrora dorsal 9 en rojo de aquellos endemoniados escuincles. Mmmm. Bueno, quizás no tanto, pero permítanme emocionarme un poco hoy.
Curiosamente la escena que tengo más clara de todo ese torneo, aparte de la presentación de los equipos, es la del inicio del último partido. El balón le pertenecía a los temibles Demonios Negros y estaba a la espera del silbatazo inicial, mientras tanto, su defensa central brincaba inexplicablemente en el sitio en el que estaba y con una euforia más bien esquizoide veía a sus rivales… tan absorto estaba en su ritual de intimidación cavernícola que ni se enteró del silbatazo inicial y de que le mandaban en la primer jugada un pase, sólo se dio cuenta hasta que cayó parado sobre el mismísimo balón yéndose de nalgas hasta el piso, haciendo reír estrepitosamente al público. Pero la fiesta futbolística de aquella final debía seguir, se levantó y andó, detuvo las jugadas necesarias y al terminar el juego, recibió su trofeo, se convirtió en una leyenda local de la que solo el se acuerda y en la que solo el cree en estos tiempos.
Al año siguiente armar nuevamente ese equipo era imposible pues ya no estabamos todos en la misma escuela, pero me enrole en un equipo con otros que quien sabe de donde salieron y emergió el elegante Asturias, con casaca de vivos blancos sobre trama roja, short blanco en vivos rojos y calcetas blancas. Mmmm… algo así como una versión demo del Manchester United. Pero vaya Manchester que le toco al Asturias, todos los demás equipos, United, le dieron hasta por debajo de la lengua y creo que sino fue el equipo del fondo de la tabla, sí fue uno de los primeros en ser eliminados. No cabía duda de que el esplendor del defensa central de aquellos Demonios Negros había sido tan fuerte que no podría brillar mas de una vez.
Wonsaponatime

Hace mas o menos 13 años -cábala-, ordenaba mi cuarto una tarde de sábado, seguramente lo hacía porque como es costumbre estaba hecho un desorden, libros por aquí, ropa por alla, triques… la verdad es que mi cuarto nunca ha sido un templo del orden, pero por ahora, no es el punto.
Decía que recogía el cuarto y en el clóset encontre una caja de esas que parecen máquinas del tiempo, estaba llena de cosas de mi papá: fotografías, algunas revistas, cartas.
Pero el recuerdo de esa caja no es ahora y nunca ha sido por los objetos que ya dije, por el contrario, lo que hizo memorable el hallazgo de esa máquina del tiempo fue una cinta que traía grabadas muchas canciones de un grupo que no sabía como se llamaba, ni que tocaba, ni de donde era, es mas, nisiquiera entendía lo que decían.
Lo más particular de la cinta no era que fuese grabada quien sabe cuando y en casa de Juan o Abraham, o que durara como 120 minutos por lado, era más bien, que me cautivo desde la primer canción que escuche, hasta la última, como nunca antes me había sucedido, nisiquiera con las canciones de Magneto me había emocionado tanto y no esta de más decir que este sería un momento muy oportuno para que rías mientras me imaginan cantando Voyage Voyage en versión pop mexicano de los 90’s, aunque es un infortunio querid@ y cuasiausente lector@, que no hayas visto mi faz aún, pero tal vez sea mejor, así no se ilusiona ni se desilusiona nadie y permanezco tan neutral como creo que lo soy… y como siempre desviándome del tema.
Escuche a los Beatles por primera vez en agosto de 1994 y desde entonces hasta la fecha son el grupo musical que ha causado en mí el impacto más instantáneo en tímpanos, cerebro y toda parte del cuerpo capaz de sentir la música, confesando que la cuestión motriz no es mi fuerte, llámesele baile; mi beatlemanía comenzó sin que yo supiese qué era un beatle y me fueron anónimos durante casi dos años, hasta que un día en la escuela, se oía en la cafetería una de las canciones que tenía el cassette: I feel fine, un amigo me dijo que eran ellos, así que de forma involuntaria coincidí con alguien que me conto algunas cosas.
Beatlemano obseso, investigué y encontre miles de datos, una tía me regalo los “chapopotes” que compró con el ahorro de sus pasajes cuando iba a la escuela, en los 70’s, encontre en puestos de revistas viejas reliquias como recortes de periódicos o periódicos completos de la época, una revista LIFE de 1968 con ellos en portada que contiene la primera parte de uno de los reportajes que más me han gustado de ellos y de la que nunca he podido encontrar la segunda parte, Baby it’s You fue la primer canción que relacioné con una chica y no por ardido les cuento que la susodicha nunca me pelo, compre tarjetas coleccionables y después que tuve acceso a la inwebstigación y al hosting gratuito de la entonces en voga geocities hasta hice un sitio web de rock de los 60’s y 70’s basado principalmente en ellos… y bueno, que puedo yo decir, mucho tiempo, musicalmente hablando, fueron la opción para mí.
Algunos se reirán y otros vendrán a darme palmaditas en la espalda después de contar estas anécdotas, algunos dirán que Pink Floyd, Led Zeppelin, The Animals, los Doors o Rolling Stones y otros clásicos fueron mejores, sin contar otros mas rebuscados como The Flying Burrito Brothers, The Velvet Underground, Jethro Tull, The Jefferson Airplane y The Mothers of Invention… y si, muchos de esos grupos me gustan mucho también -acabo de ir a ver a Roger Waters hace unos meses, nunca olvidare ese concierto- y solo por hablar de los de rock, solo es que hoy por hoy, los Beatles son el grupo al que ya no solo tengo un apego por gusto musical sino también afectivo, puedo achacarles en cierta forma la existencia de mis mejores amistades, con quienes recuerdo mil anécdotas y otras mil pláticas con los beatles como centro de discusión, también fueron la base para conocer sobre música y cultura general de esos tiempos hippiosos, utópicos, revolucionarios y violentos, con su Woodstok y su Avándaro con todos los etcéteras románticos de la época y cosas de otros tiempos, anteriores y posteriores.
El caso al final es que todo esto viene a colación porque hoy es 8 de diciembre, aniversario luctuoso de John Lennon, no creo necesario comentar nada al respecto porque hasta la fecha, supongo, todo esta dicho y de cualquier manera, ya me extendí de mas, pero invariablemente, por lo que se ve en los noticieros y medios de comunicación, es inevitable recordar ciertas cosas y por momentos recogerse en la nostalgia y algunos sucesos. Al principio este día lo tomaba muy a pecho e incluso el tema se hacía interminable con los amigos, una especie de euforia recursiva que con el tiempo se ha convertido en un tipo de recuerdo, un recuerdo que más que basarse en el lamento por la muerte de una estrella de rock, se convierte en una especie de añoranza.
Yo creo que muchos tenemos, de nuestras tempranas juventudes algo que relacionar con la música o con algún otro medio, pasiones adolescentes que contribuyeron de muchas formas a construir nuestro hoy y que nos unieron de una forma inseparable a otras personas.
Por aburrido que parezca, ojalá que en los diciembres que resten, In my life, los noticieros nunca dejen de recordarme a John Winston Lennon y que cuando tenga sesentaycuatro años, recuerde todo lo que hay detrás de mi gusto por su música mientras enciendo mi reproductor de ionosférica fidelidad para escuchar: Ladies & Gentlemens, The Beatles!!!.











