La condena
Cárcel es la certidumbre
y mi domicilio fijo
cuando en el tema es costumbre
que se ignore lo que elijo
ya que solo entre la lumbre
de una pira de humo y mijo,
se deja siempre mi nombre
sin justa razón ni cobijo
a que se consuma el hombre
con lo que se hizo y se dijo.
He tratado de escapar
por la noche en el expreso
y de día sin respirar
por un canal del exceso,
o también al destilar
aquello que puedo en verso.
No lo he podido lograr
ni he estado cerca de eso…
una vez pude apelar
revisión de mi proceso.
Superé largo trámite
solicitando una audiencia
y antes haciendo desquite
preparando mi ponencia,
diciéndome: quien quite
y la juez en concordancia
con la ley -que lo permite-
me perdone la existencia:
regresóme a mi escondite
“por mi bien y en mi defensa”.
Le pregunté causa y cargo
de la perpetua cadena
y causa legal sin embargo
nunca escuché en su condena,
se que fui discriminado
por un “delito” sin pena
y así en estupor amargo
y en la celda que me almacena,
soy hoy carne y soy letargo,
el despojo de esa escena…
Es hermética y bestial
esta caliente prisión
y nunca cede el metal
de su firme construcción,
por ser condena mortal
no me otorga concesión
y me abandona al final
a la errante procesión
cuya tortura real
es cargar la frustración.
Nuncas Imbatibles
Una vez imaginé, y viaje con mariposas,
sobre el tiempo y sus campos invisibles
que solo comprendía con mis tramposas
colecciones de sueños inservibles
que cual fieras de hambres estruendosas
me embistieron con sus nuncas imbatibles.
Revolcándome después entre los nuncas
bajo el cielo de los sueños olvidados,
solo el polvo de mis párvulas ventiscas
me cobija mientras siento que acabados
van mis ojos a cegarse en areniscas
y espejismos de destinos encumbrados.
Y aplastándome la carga incontrolable
del costal de piedras con los nombres
y apellidos del nunca indestructible,
soy ahora el mas pobre de los hombres,
solo soy como un témpano invencible,
el recuerdo del nunca y de sus huestes.











