El abismo

Es la mañana de un sábado cualquiera y David despierta aunque permanece acostado. A lo lejos se escucha un televisor. David se sienta al borde de la cama y ve que frente a el no hay ninguna persiana azul, en su lugar hay una cortina amarillenta y tan grande que sobresale un metro por el extremo de la ventana; tapa incluso la mitad de la puerta, la puerta azul, aunque no tan azul como la persiana. “¿Y mi persiana?”, se pregunta amodorrado y con vaguedad pero permanece por tiempo indeterminado disfrutando del vaivén de la cortina, que se mece con el viento: la ventana esta abierta, suele dejarla así en la época de las mañanas soleadas. “¿Qué es eso?”, se cuestiona, atinando solo a responderse confundido: “Hay un hueco en la puerta”. Y mira el hueco cada que la cortina sube lo suficiente como redescubriendo un secreto. La cortina le parece una bandera ondeándose.
El hueco es una especie de grieta y esta llena de misterio, es oscura, de hecho es profundamente negra y David solo sabe que la grieta surca la puerta, inicia a escasos cinco centímetros del piso y se extiende hacia arriba ocultando su final detrás de la cortina.
- ¿Hay una sub-puerta a un abismo dentro de mi puerta?
- No, no puede ser.
- Sí, sí puede, lo estoy viendo.
- Lo estamos viendo.
- ¿Entonces?
- Acabas de descubrirlo, en el resquicio de las dos tablas de tu puerta hay un abismo.
La cortina se mece y por momentos David ve la puerta con su abismo. Por momentos ve solo la cortina cubriéndola.
- Un momento, algo se mueve en esa grieta… ¿es una serpiente?
- Sí, es una serpiente, puedes estar seguro de ello… ¿no es curioso?
- El piso esta frío, me pondré los calcetines para acercarme.
- Vamos…
- Pero… ¿qué pasa?, ¿qué es este ataque de lentitud?, ¿qué es esta paradoja del tiempo?
- ¡Muévete!
Trata de alcanzar sus pies pero se mueve tan lentamente que se siente más bien petrificado. El tiempo, que para David ha comenzado a avanzar con brutal lentitud, logra que la cortina apenas se mueva pero la hace flotar ingrávida a la vez que ésta concibe suaves sombras en sus ondas. La luz aumenta por momentos y encandilando a David hace que todo sea muy difuso. El movimiento de la cortina y los haces de luz han logrado que la habitación parezca algo divino.
- ¿Y la serpiente?
David ve sus pies pero voltea y sabe que la serpiente sale de su escondite con fluidez, sinuosa y sin demora aunque con el sigilo propio del depredador. La serpiente esta ahí, él lo sabe porque la cortina comienza a delatar las reptantes escamas así como los cuerpos dormidos son delatados por las sábanas. La serpiente crece y se eleva con autoridad detrás de la cortina. Por más que se esfuerza, David no puede casi moverse, ahora no sabe si es por la paradoja del tiempo o porque tiene un ataque de pánico.
- Tengo miedo.
- ¿Y los calcetines?
- La serpiente… ¿De dónde salió?
- Los calcetines…
- Apenas termino de ponérmelos.
- Alcanza la cortina tan rápidamente como esta lentitud te deje… o tan rápidamente como la angustia lo permita.
Después de sentir que ha corrido diez kilómetros David se ha movido apenas un metro y ya extiende una pierna para descubrir la serpiente, recoge los brazos contra el pecho y toca la cortina con la punta del pie, aunque ésta se ha hinchado tanto como la vela de un barco a barlovento: ha crecido con la ayuda del viento que es ahora un huracán. Los papeles del escritorio dan vueltas por la habitación, los muebles vibran en silencio. David está en el ojo de un huracán y la cortina finalmente empieza a cubrirlo como un velo de luz… aunque por su centro se esta tornando oscuro, oscuro como las fauces de una serpiente. El no se da cuenta pero ya no se mueve, solo permanece con los brazos contra el pecho y la pierna extendida, viendo hacia arriba, hacia el abismo.
- No entiendo…
- Tengo miedo…
- ¡Te esta cubriendo por completo!
Y David abre los ojos…
- Sí…
- Estas despierto…
- Estoy seguro de que esa serpiente era una cobra.
- Nunca viste a la serpiente, no claramente.
- Estoy seguro de que ahí estaba.
- Ahí estaba…
Es la mañana de un sábado cualquiera y David, aunque despierto, permanece acostado. Ve su persiana azul, amodorrado la mira apenas mecerse con el viento y disfruta de ese vaivén por tiempo indeterminado: la ventana esta abierta, suele dejarla así en la época de las mañanas soleadas. A lo lejos se escucha un televisor.
- En la puerta no hay ningún abismo.
- No, el abismo es este en el que vivo.
Gente de ciudad

La gente de esta ciudad vive con prisa, sobrevive a la rutina bajo un sol incandescente, con un cielo gris, correteada por el tiempo que le alcanza inminentemente atrapada en medio del embotellamiento, en el que vampírico hinca sus filosas manecillas para engullirle media vida, a veces sin que se den cuenta, a veces en ataques de ansias o de arrepentimiento, a veces bajo la sombra de una esperanza. Algunos son engañados con la sonrisa de un sueño anunciado por televisión. A pesar de eso algunos escapan ocultos en las páginas de un libro mientras permanecen inmóviles en el autobús.
Hoy (Ejersucio)
Hoy abrazo el recuerdo en la mirada,
Hoy observo al tiempo que me borra,
Hoy escucho al viento que me calla,
Hoy paladeo el salitre de mi llanto,
Hoy percibo un dejo del abismo…
Pero siempre sabré que algún día fui.
Nota:
Para el ejercicio Poemas para pegar en el refri.
Invocación
Pienso en la cauda de Crono,
en su inevitable avance
y su negro y parco designio.
Deseo el déjà vu, la regresión,
y un reloj sin manecillas
para permanecer en tu Olimpo.
Espero que el aullido del tiempo,
como lobo, llene otra vez la luna,
para amarte, otra vez, con otra forma.
Nota:
Inspirado en el ejercicio Te receto un poema, de Difícil de Juglar.
Memorias, letras y artificio
He vivido en el deseo añorante
del que clama algo feliz y necesario.
He soñado en una Luna oscura
vestida de luz e incandescencia,
he dejado de vivir con esa holgura
en su indómita y feroz omnipresencia.
He dejado grave al tiempo
transitar sobre mi cuerpo,
a una luz golpearme la cabeza
siguiendo desbocado una proeza
y a esta oscuridad en la que en pausa, in situ
se me cega y aletarga el noble espíritu.
Se me ha ido la vida en un deseo,
en el sueño añorante del que clama
por solo un final feliz y necesario,
se me ha ido con nombres el deseo
y despierto aquí al borde de la cama
lloro solo los escombros de un palacio,
la utópica inocencia que poseo,
la montaña de memorias del que cava
una tumba de letras y artificio,
un pasado, un presente y un futuro.
Soy silencio
No es que me abandone la voz,
pero solo soy ahora
esta pausa del habla
y el pensamiento encerrado
cuando con una imagen de ti,
van ahogándose,
palabra por palabra,
el suspiro, el latido,
el golpe inaudible de unas puertas
sellando los túneles de luz,
soy ahora este silencio,
el trance viviente
en una pira de memorias,
la columna de humo entre cenizas
de un espíritu que ardió
en sus propias esperanzas,
una ambigua y flotante sensación
de visiones apagadas por la causa,
un eco inevitable del pasado,
el ente sin rastros del futuro.
El Ermitaño
Vive solo en su guarida,
sin voz ni presencia
que someta el ruido
de su anónima existencia,
que aunque incierta,
está sin números
ni etiquetas
y sin más constancia del tiempo
que aquella que retumba
en sus memorias.
En la trinchera perfecta
permanece
y elucubra con mirada humeda…
pernocta cavilante
en la aridez de la ausencia
que lo encierra.











