Ultimamente

Julio 30th, 2008 | Por las sendas de: Personal, Reflexiones

Ultimamente he estado pensando que quizás ya lo sepas, pero tengo que confesarte que soy de pocas palabras, aunque parezca que basta enfrentarme a unas hojas de papel, a este blog o estar con determinadas personas -no se si afortunadas o desafortunadas- para desbocar el verbo y con ello, paradójicamente granjearme cierta pequeña fama de buen conversador, a tal grado que en el trabajo, por ejemplo, rara vez interrumpo voluntariamente a alguien en sus labores, pero es costumbre que algunos interrumpan su propio trabajo cuando me ven llegar para voltear hacia mi y esperar que me salgan palabras en una alegoría del señor social que no soy y que algunos, al decirles “me retiro”, me pidan que permanezca un tiempo más para seguir charlando como si fuese yo un héroe hablando a sus nietos sobre hazañas con los marines en Vietnam o safaris por el Serengueti en una aventura con el Rinoceronte del Bestiario de Juan José Arreola; petición que rara vez puedo complacer, aunque esa sea otra historia.

Ultimamente he tenido que pensar que el fin de semana indeterminado salí a andar en bicicleta o a caminar sin rumbo, a leer algún libro en la fantasmagórica banca de un jardín o la sombra difusa de un árbol en la que siento luego una lluvia que me hace levantarme la solapa, a tomar una fotografía del rostro de un ángel -dorado aunque inanimado- en Reforma o un tumulto de flores abrazando al viento, a ver lo que todos ven aunque con la cámara en mano, a ver una película en el cine donde no hay nada a que asirme más alla de la butaca, a tomarme un café en una cafetería en la que invariablemente no abro la carta porque querré un express doble para acompañar el libro que leía bajo el árbol, y otro para mirar a la pareja transeúnte, y otro para escuchar a un par de ancianos jugando ajedrez y otro mas para escribir en una servilleta un recordatorio de versos inconclusos que quizás después pierda sin querer… pierdo entre servilletas y papelitos muchos instantes de vida que no podré reconstruir.

A pesar de eso y de no dejar de vivir, últimamente he tenido que notar que he dejado de platicar como antes y las personas de las que hable al principio, suelen preguntarme como estoy o si tengo mucho trabajo; siempre respondo que estoy bien y que trabajo tengo suficiente. Después de un breve silencio -de esos que por alguna razón suelen parecer eternos cuando nos observan- la gente en general parece que quisiera escapar a mi anormal mutismo, o más que anormal, irónicamente, más pronunciado. Entonces me dicen que estoy mas delgado y en ese momento reproduzco en mi cabeza una imagen surrealista en la que me aproximo a mi propia desaparición, así como un cigarrillo que paulatinamente se consume hasta que llega al instante en el que súbito, se esfuma en una vistosa artesanía matemática, tejida en filigranas caprichosas de hilos de viento y de humo. Por eso últimamente he tenido que recordar que siempre he sido muy delgado -más bien flaco- y reconozco que debería preocuparme porque verdaderamente estoy cada vez más delgado, o más flaco. Ultimamente algunos me han preguntado si no duermo y respondo siempre que dormir mucho, desde hace mucho y hasta el momento, no parece ser algo que mi cuerpo necesite porque rara vez me siento cansado o con sueño.

Ultimamente, en general, me dicen que hay algo extraño en mi, algo que no esta bien, algo que recuerda que yo no soy así, algo que parece decir que estoy enfermo o que hay algo que me preocupa.

Ultimamente he tenido que pensar en todo esto y sin tener que concentrarme o rebuscar en el doble fondo que la inconciencia siempre nos esconde, se que sucede que soy un poco menos que la impalpable sombra del conversador que todos conocen porque, a saber, en ti se consume toda mi capacidad de articular palabra en este mundo exterior. Tengo una imagen de ti en el pensamiento, más en el interior, una imagen con metainformación en la que sin proponérmelo repaso día a día la película con todas esas frases y cosas que pasaron. Ultimamente estoy en un trance como aquel en el que el Pescador de ilusiones quedo atrapado… y quisiera decir que como siempre y desde siempre, te tengo también todo el tiempo en el corazón, o en el alma, aunque el “tener”, aún involuntariamente, siempre lleva consigo ese sentido literal de pertenencia y lo cierto es que sin querer gastar mis pocas fuerzas en cuestiones lingüísticas y en el doble filo de las palabras: no te tengo.

Ultimamente me he quedado abstraído, extraviado en esta locura de tormenta de silencios, de preguntas, de dudas, de medias verdades, de inseguridades en abyectas teorías y conclusiones absurdas… y encima de eso la única luz es el instante en el que apareces como un relámpago en esa película sin velos, instante con el que añoro voluntad, pensamiento, corazón, alma, espíritu y verbo.

Ultimamente temo a la noche y a la luna llena, a la que casé con tu silencio, tu rostro y tu figura, temo al trance que supone recostarme ya no por necesidad sino por el simple hecho de tener el vago recuerdo de que el cuerpo humano debe descansar, temo al trance que en un arrebato de esta locura me obliga algunas noches a reclamarte me regreses eso: voluntad, pensamiento, corazón, alma, espíritu y verbo. Pero el arrebato desaparece como viene, desaparece en un escalofrío efervescente de ansiedad que literalmente reduce mi cuerpo en un prolongado espasmo cuando en un contragolpe de razón, concluyo que la única verdad es que no te llevaste nada de ello contigo y por el contrario, tras de ti mande todo en estela de ilusiones extraviadas.

Ultimamente me pregunto si existirá un momento futuro en el que sienta que no tiene más embate esta sensación de pertenecerte y que no se aún en qué momento termino de surgir, un momento en el que concluya que no hay más esperanza, un momento en el que ya no pueda estar en esta especie de iluso cautiverio, un momento en el que deje de sentir por ti, un momento en el que no tenga ya la necesidad de descomponerme en un grito de carta al aire, un momento en el que voluntad, pensamiento, corazón, alma, espíritu y verbo, la escencia y el todo de aquel conversador de irónica fama, regrese a infundirme vida y consciencia nuevamente por lo menos en la tregua de una resignación verdadera.

Ultimamente he tenido que pensar en cambiar la palabra “últimamente” por una frase completa, quizás con más sentido y sin el menor atisbo de la intrínseca ambigüedad de la palabra, últimamente, si: Desde que te fuiste.

Por ahm; 00:33 hrs. ~ 3 huellas