Gente de ciudad

La gente de esta ciudad vive con prisa, sobrevive a la rutina bajo un sol incandescente, con un cielo gris, correteada por el tiempo que le alcanza inminentemente atrapada en medio del embotellamiento, en el que vampírico hinca sus filosas manecillas para engullirle media vida, a veces sin que se den cuenta, a veces en ataques de ansias o de arrepentimiento, a veces bajo la sombra de una esperanza. Algunos son engañados con la sonrisa de un sueño anunciado por televisión. A pesar de eso algunos escapan ocultos en las páginas de un libro mientras permanecen inmóviles en el autobús.
Recuerdo

Recuerdo esa sonrisa que invita a sobrevivir, me miraba como cuando los niños miran el cielo sin esperar nada más que la belleza del sol, de la lluvia o de la nube que pasa solo porque tiene que pasar, no era esa sonrisa obligada o la que inquiere o espera algo, era la sonrisa de quien sonríe porque tiene que sonreír o sino se le marchita el alma.
A mí casi se me ha olvidado sonreír. Me río de los buenos chistes, aquellos que son buenos para mi humor, me río de las situaciones estúpidas para las que mi cerebro no tiene otra respuesta más lógica como las ironías que se suceden en la vida diaria, me río de los perros que no pueden alcanzar al gato que al final de una carrera se les escapa trepándose a un árbol para quedarse ahí lamiéndose las patas mientras el perro jadea debajo entre ladridos. Sí, me río cuando algo me dice explícitamente que debo reír, pero he caído en la cuenta de que mi risa es casi mecánica, una respuesta cerebral, casi he olvidado sonreír.
He olvidado sonreír solo porque me he despertado nuevamente, porque el pajarito que esta junto a mí en la banca del jardín busca la mejor ramita para construir su nido, he olvidado sonreír porque aún existe el sol en primavera y la lluvia en el verano, las hojas secas en otoño y un frío infernal en el invierno. Sí, infernal, es que soy muy friolento.
Recuerdo que un día sonreía porque debía sonreír o si no se me marchitaba el alma, pero eso era antes de que lo que quedaba de mi inocente sonrisa se fuera tras tu silvestre sonrisa. Yo me he quedado sin nada. Sí, así siento.
Cuántas
Hoy empecé a preguntármelo, por mí,
por quien a veces imagino que fui
sin solo sospecharlo, solo siendo,
por quien ahora siento que más no soy
con tan solo pensarlo sin dudar.
Hoy empecé a preguntármelo, por tí,
por quien a veces recuerdo que fuiste
sin solo sospecharlo, solo siendo,
por quien ahora entiendo nunca fuiste
por la sola elección de no quererlo.
Cuántas cosas no pasaron, cuántas sí,
cuántas olas sin navío surcaste,
cuántas llamas ilusas arriesgaste,
cuántas ramas intactas conservaste,
cuántas voces silentes mantuviste.
Hoy empecé a preguntármelo, ¿cuántas?,
¿con cuántas dudas se agota un corazón?,
¿con cuántas dudas podré sobrevivir?,
¿cuántas dudas ya no tienen solución?,
¿cuántas llevan tu nombre como causa?.
Memorias, letras y artificio
He vivido en el deseo añorante
del que clama algo feliz y necesario.
He soñado en una Luna oscura
vestida de luz e incandescencia,
he dejado de vivir con esa holgura
en su indómita y feroz omnipresencia.
He dejado grave al tiempo
transitar sobre mi cuerpo,
a una luz golpearme la cabeza
siguiendo desbocado una proeza
y a esta oscuridad en la que en pausa, in situ
se me cega y aletarga el noble espíritu.
Se me ha ido la vida en un deseo,
en el sueño añorante del que clama
por solo un final feliz y necesario,
se me ha ido con nombres el deseo
y despierto aquí al borde de la cama
lloro solo los escombros de un palacio,
la utópica inocencia que poseo,
la montaña de memorias del que cava
una tumba de letras y artificio,
un pasado, un presente y un futuro.
La Máquina
En un tiempo y mundo lejanos, donde las supertecnologías son el pan de cada día y las distancias hiperespaciales se cubren en tiempos apenas lo suficientemente prolongados como para contar un chiste, el Imperio Galáctico que sera dominado después por la Fundación de Hari Seldon, casi por casualidad ve nacer una nueva generación de máquinas superdotadas que dispondrán parte del futuro de la humanidad. En la búsqueda por desenredar las premisas de su funcionamiento, un vasto equipo de investigadores encuentra misterio en la lógica que éstas máquinas aprenden a seguir para superar con creces las misiones que una escéptica humanidad les asignó.
Como todos los días la máquina arrancó esa mañana para procesar las tareas y tomar las decisiones que le eran encomendadas diariamente. Inicializó sus sistemas de enfoque basados en cristales ultrapuros y silenciosos nanomotores, los telémetros de ambos conjuntos ópticos y los giroscopios del sistema de equilibrio fueron recalibrados con un zumbido imperceptible, los audiosensores ajustaron su sensibilidad, el humor y humedad del ambiente fueron escaneados y la conexión a la Terminal Central se estableció… era un modelo algo viejo y no poseía los más recientes adelantos que el mundo moderno había visto nacer para controlar todos aquellos menesteres de la navegación como la autoubicación interestelar y la medición de la microgravedad de los cuerpos celestes del espacio exterior. Sus sistemas de locomoción además lubricaron las complejas fibras y estructuras que movían todo su engranaje. Estos procesos demoraban apenas unos instantes y mientras tanto, los sistemas de planeación de procesos trabajaban en una indexación de las tareas que estaban programadas para esa jornada.
Todas las máquinas de su clase habían sido creadas con la capacidad de realizar cualquier cantidad de cosas. Podían ser solicitadas para tareas que iban desde limpiar los sistemas de desagüe de la gran metrópoli, hasta manejar los procesos matemáticos que dictaban el curso del Imperio Galáctico. Así pues, aunque todas las máquinas de su clase poseían relativamente las mismas capacidades -salvo aquellos modelos excepcionales o los defectuosos- era sumamente difícil, sino imposible, encontrar dos iguales pues sus característica capacidad de autoprogramación y de predicción de eventos, además de las adaptaciones físicas que iban haciéndose lograban que cada una de ellas enfocara y adaptara todo su poder de procesamiento hacia labores que según su inteligencia le indicaban como los mas acertados para el bien (o mal) de la civilización según el sector al que eran asignados cuando su vida útil comenzaba.
Teóricamente, YRO había sido programado para superar toda clase de incidencias de errores y por ello durante las noches, mientras funcionaba el sistema de asimilación de información y se eliminaban los archivos temporales del día, se iniciaban unos procesos de inteligencia artificial SRN (sistema de retroalimentación nocturno) cuya misión era programar nuevos paquetes de código que mejoraran todos los procesos en los que se veía envuelta y otros mas que corrigieran los fallos que se habían suscitado últimamente. Por si fuera poco, existían otros procesos diurnos que perseguían el mismo fin pero que funcionaban bajo premisas y condiciones tremendamente distintas.
Con todo esto, una vez estas máquinas se veían salidas de la fábrica, la autoprogramación lograba que para todo aquel que tuviese la fantasía de adentrarse entre las entrañas de su enmarañado catálogo de procesos autoprogramados, fuese un sueño guajiro encontrar una línea de código que pudiera ser la causa de una falla. Por esa razón, si una máquina cometía un error autoprogramándose, podía fácilmente inutilizarse a sí misma.
Así pues, desde hacía casi tres décadas que YRO amanecía instalando los paquetes de compatibilidad y aprendizaje que su SRN generaba y esa mañana sucedió que el sistema de balanceo de carga de procesos -un subprograma que se encargaba de equilibrar la cantidad, tipo y complejidad de procesos entre sus múltiples procesadores- detectó como hacía desde ya años antes una tarea que no podía ser completada y que permanecía en status pendiente. La máquina supo como todas las mañanas anteriores que debía proceder a evaluar un sinfín de condiciones y variables. Este proceso era realmente accidentado y estaba plagado de sentencias de control pues existían millones de directivas de seguridad, de predicción de eventos, de evaluación probabilística y estadística, de asimilación de información y otros muchos etcéteras que lograban que cada día la solución de esa tarea se hiciera más compleja pues había que lidiar con aquello que se almacenaba en el sistema de aprendizaje día con día: nuevas variables, viejas constantes, nuevas directivas, viejas teorías de predicción, etc.
Estuvo en esa labor hasta varias horas después de iniciada la jornada incluso cuando ya se encontraba realizando otros procesos de alta prioridad para el Sector G-3, sector en el que su labor primaria era el diseño de herramientas de productividad que facilitaban procesos y corregían transacciones con oficinas privadas. Súbitamente una alerta de memoria interfirió momentáneamente en algunos procesos causando una baja de rendimiento por apenas 3 nanosegundos. Tras un breve análisis supo que tratar de terminar la tarea pendiente del modo en que lo estaba haciendo, consumía demasiados recursos, de modo que por su propia seguridad, aborto nuevamente la tarea y decidió asignar una pequeña cantidad de recursos para trabajar en ella a lo largo de la jornada. Así, cada que había un tiempo muerto, en lo que esperaba información de alguna terminal o de alguna otra máquina, procesaba algunos cuantos pentabytes de aquel misterio, reducía los recursos para su proceso y volvía a sus labores.
Las máquinas como YRO eran escasas aunque gozaban de un gran respeto, rara vez fallaban, funcionaban con márgenes costo-beneficio que escandalizaban a muchos fabricantes y lo más importante: se autoreparaban y aprendían. La verdad es que cuando fueron concebidas, los científicos hablaron de ellas como apenas un modelo experimental y de transición entre viejas y nuevas tecnologías de Inteligencia Artificial. Se trataba del resultado de un proyecto con muchísimos años de desarrollo que fue abandonado cuando se creyó que parecía no llegaría a ningún lugar, nadie -ni siquiera sus creadores- sabía o siquiera imaginaba el destino y las capacidades que podrían alcanzar. El apoyo al proyecto había cesado en parte porque las pocas -relativamente- unidades creadas eran solo adquiridas por el gobierno de modo que no fue tan rentable como se pensaba podían ser otras tecnologías. Era pues una máquina en la que sinceramente, en un principio nadie confiaba a pesar de su muy envidiable bus de 333 tetrahertz. Con todo esto, la máquina no podía verse a sí misma como un proyecto abandonado y tampoco podía ver las circunstancias de su existencia con matices moralistas, no afectaban su funcionamiento porque, como toda máquina, solo veía nacer el alba y caer la noche como fenómenos meramente astronómicos que apenas le eran útiles para iniciar o terminar una jornada laboral y lloviera, tronara o relampagueara -naturalmente, esto solo en los mundos donde la atmósfera lo permitía- las jornadas existían para hacer lo que tuviera que hacerse a menos que sucediera algo extraordinario. Al menos eso era lo que la humanidad estaba acostumbrada a suponer de las máquinas.
Había algunos humanos que monitoreaban remotamente todas las máquinas como YRO desde una terminal de la oficina del departamento de servicios generales del imperio, ésta terminal había sido hecha expresamente para poder observar ciertos aspectos de las unidades vendidas al gobierno y estos humanos que hacían el monitoreo, sabían que una realidad existente se dejaba entrever cuando a pesar de que las cosas no parecían estar cambiando, día con día había cada vez más cosas que hacer en el imperio creciente y el numero de máquinas era el mismo de siempre, eso implicaba que las mismas máquinas hacían cada vez más y más trabajo por lo que algunos pensaban que se trataba de una situación que un día sería insostenible, comenzando a preguntarse cuando se colapsarían. Por ello se convocó a un congreso en el que se empezaría a prever el reemplazamiento de éstas por modelos nuevos o bien, el retomar el proyecto de antaño para mejorar las unidades existentes, sobretodo tratando de aprovechar los nuevos adelantos en biomecánica.
El congreso resolvió el retomar la idea original para incluso mejorar las 600 unidades existentes y producir otras tantas si fuese necesario. Para ello se contrato una plantilla laboral de miles de matemáticos, físicos, biomecánicos, psicohistoriadores, programadores y cualquier tipo de personal que pudiera involucrarse en el desarrollo de máquinas autosuficientes. Además se contrataron expertos en todas las profesiones y oficios conocidos para construir la enciclopedia de manuales de procedimientos precargados que sería incluida en el resultado final del proyecto. Se busco además seleccionar a la máquina con mejor historial y de la que se conocieran grandes habilidades en materia de lógica e YRO fue entonces llamado para contribuir en el análisis de la maraña autoprogramada de sus congéneres y de él mismo; se pensaba que solo la lógica de la misma máquina podría desenmarañar algunas cosas que permanecían casi como un misterio dentro de su funcionamiento; de hecho, su tarea consistiría en estudiar sus propias entrañas lógicas. Sinceramente nadie se quería dar cuenta pero YRO sería la primer máquina destinada a encabezar y dirigir un proyecto que perseguía como fin mejorarse a sí misma.
Todos y cada uno de los integrantes de la tropa de neuronas que suponía esta aglomeración de investigadores dispuso de una terminal que podía monitorear en mayor o menor grado el funcionamiento de YRO aunque solo en sus variables, directivas y procesos públicos y solo YRO mismo podía programar o reprogramar algo, haciéndolo siempre de una forma aislada para controlar los posibles malos resultados, de modo que todo aquel que quisiera hacer alguna prueba para implementar nuevas funciones, debía mandar desde su terminal una petición a la terminal de YRO para que este hiciera una evaluación de las posibilidades de implementación de las mismas y en caso de aprobarlas hacía una simulación del deploy de los cambios solicitados, emitiendo los resultados de las pruebas. Al mismo tiempo podían verse los resultados en todas las terminales, se emitían los resultados, se llegaba a conclusiones y se proponían diversas líneas de investigación algorítmica.
Se llevaban ya 243 días de arduo trabajo y se empezaron a vislumbrar cosas muy importantes. En principio YRO consiguió aislar la totalidad de variables y funciones privadas involucradas en sus procesos autoprogramados y realizar un informe detallado de todas estas, incluyendo tipos de datos, los ámbitos de su funcionamiento y sus alcances. Esta había sido una de las mayores prioridades de la etapa inicial del proyecto pues con esa información otros programadores muy experimentados podrían ayudar a YRO en el análisis de procesos que quizás no hubieran sido programados de forma óptima y una de las observaciones que se pudieron hacer casi inmediatamente de toda esta información, fue conocer uno de los métodos que usaba YRO para nombrar funciones, constantes y variables. Era una premisa entender que éstas tenían nombres nemónicos que se relacionaban directamente con los sucesos, situaciones, circunstancias o problemas que debían resolver y había listas inmensas de variables con valor igual a los nombres y referencias de personas de todo el imperio a las que YRO debía enviar o responder peticiones, por ejemplo, había un grupo de funciones relacionadas con los servicios eléctricos del sector G-3 y de éstas se derivaban variables que llevaban el nombre del funcionario o empleado que debía realizar la labor. Por estos y otros descubrimientos iniciales, se convocó a una gran celebración para festejar este primer triunfo y el comienzo de otra etapa del proyecto que prometía tiempos aún más laboriosos.
Pasada la fiesta, los programadores líderes catalogaron las variables y funciones para entonces asignar el trabajo por rubros a los distintos equipos desarrolladores. Uno de esos rubros se trataba de conceptos humanos y fue asignado a un equipo multidisciplinario cuyo nombre clave fue “Origen”, integrado por psicólogos, algunos niños, dos familias -una funcional y otra disfuncional-, un juez, un abogado, dos filósofos, médicos, 50 programadores, dos deportistas -uno de ellos había ganado medallas de oro en los recientes juegos olímpicos, celebrados en el encandilante centro del sol-, varios artistas… la lista era increíblemente larga. Se consideraba que el tema de los conceptos humanos era muy importante y en la documentación del YRO original no había mucho trabajo dedicado a esta labor de la comprensión de las emociones humanas, por ello se convirtió en una de las líneas de investigación más ambiciosas y quizás también de las más escépticas: ¿una máquina más que humana podría emerger de este proyecto?
Lo primero que hizo el equipo Origen fue recopilar una serie de conjuntos de datos provenientes de cada persona involucrada en el proyecto, estos conjuntos de datos procedían primeramente de lo que cada uno pudiese conceptualizar de una serie de listas de palabras relacionadas con las emociones humanas, de modo que todos opinaron y explicaron que era la felicidad, la tristeza, la emoción, la ira, la euforia, la pasión, el éxito, el fracaso. Por otro lado, todos llevaban consigo, conectados a unos diminutos aparatos, unos sensores neuronales y otros tantos musculares que capturaban todas las reacciones corporales y mentales que sucedían en sus vidas diarias al tiempo que se grababa con unas cámaras holográficas las imágenes del entorno en el que las emociones se sucedían. Esto conseguía que si por ejemplo, un deportista ganaba, los sensores captaban todas las reacciones de su cuerpo y mente y además se obtenía una imagen de el mismo cruzando la línea de meta. Si un médico realizaba una operación de altísimo riesgo en un paciente terminal, los sensores recopilaban la tensión de los músculos del cirujano al usar el láser o extraer un órgano del paciente. Un equipo de químicos y bioquímicos además adjuntaba información técnica sobre la composición y cantidad de fluidos y hormonas que se involucraban en cada suceso, como la adrenalina o el sudor por ejemplo. Así sucedió por cerca de dos años con todas las emociones que la gente en el proyecto suponía que era posible capturar.
La información se capturaba, analizaba y catalogaba y mientras tanto, el líder de desarrolladores del equipo Origen junto con sus colegas, analizaban cada sección de las funciones que se les habían entregado y a su vez monitoreaban a YRO por las noches, sobretodo cuando el sistema SRN comenzaba a funcionar y hasta muy de mañana cuando sucedía la instalación de sus paquetes autoprogramados, la idea era depurar en lo posible los procesos para comenzar con la carga de la información capturada en las emociones de la gente. Precisamente una mañana, cuando YRO reparaba nuevamente en su ya vieja tarea pendiente con la que llevaba ya años de lidiar, los desarrolladores notaron que el consumo de recursos de ésta no cesaba durante todo el día y la noche, de modo que por varios meses se vieron a sí mismos como astrónomos observando un cuadrante microscópico del universo por conocer, ese proceso era un misterio a resolver. Por lo menos lo fue hasta que tras una junta se determinó si se podría eliminar de forma segura esa función que solo consumía recursos. La interrogante era muy similar a la de otras ocasiones con otros procesos y por ello fue agendada en prioridad normal aunque de hecho, como siempre, estarían involucrados los líderes de todos los demás equipos. Durante la junta se confirmo que nadie más tenía entre su documentación referencia alguna de la utilidad de la función que convocaba la junta y el mismo equipo Origen en todo el tiempo que llevaba observando el proceso, jamás había podido dilucidar utilidad o relación alguna de la misma para otros procesos de ningún tipo ya que aunque el valor de una variable estática de la función llegaba a enviarse como parámetro a otras funciones, este valor no era involucrado ni cambiado nunca en esos procesos, convirtiéndola en un asunto sin oficio ni beneficio. Se concluyó entonces que era un error de autoprogramación de YRO y aunque hasta la fecha se había corroborado con creces que éste poseía una lógica impecable, se concertó una fecha para eliminar la función. La máquina consintió y aprobó la resolución como solo una vía segura para liberar espacio.
Las directivas de seguridad de YRO no le permitían modificar sus propias funciones ni tampoco eliminarlas, ello se debía en parte a viejas teorías de Integridad Relacional de Bases de Datos y normalmente cambiaba las referencias de una función vieja a las de una recientemente programada, inutilizando la anterior pero conservándola en la base de datos. Esto era visto por muchos como un error argumentando que así podían desperdiciarse miles de millones de trillones de bytes que podrían ser mucho más útiles usándose de otro modo aunque lo cierto era que gracias a ese “error” YRO tenía la capacidad de hacer análisis estadísticos muy superiores a los que podría haber hecho eliminando los rastros de las funciones inutilizadas. Es uno de los principios de la estadística, mientras más grande es una muestra, más confiables pueden llegar a ser los resultados de sus estudios.
Llego el día en que se suprimiría la función y se redujo esa tarde la carga de trabajo de YRO para que por la noche sus procesadores estuvieran fríos, se buscaba reducir todo margen de error que pudiese existir, había que pensar que una acción como esta jamás había sido realizada y todo sería basado en manuales y en lo que YRO determinaba como correcto. Entonces se le llevo a una cámara de vacío en la que se procedería a abrir su panel de control para autentificar por dispositivos neurométricos a los técnicos previamente autorizados para realizar las acciones necesarias. El Kernell de YRO era lo único que funcionaba en ese momento y en una pequeña pantalla holográfica de 6 pulgadas presentó con detalle las instrucciones para el proceso a realizar. Los dos operadores designados para la operación, enfundados en trajes electrostáticos, encontraron muy sencillo el procedimiento pensando que pasarían a la historia como parte fundamental del proyecto.
La totalidad de terminales observadoras de YRO, tenían sobre sí las miradas expectantes de los involucrados en el proyecto e incluso en las pantallas gigantes del lobby y los patios del edificio de Investigaciones Robóticas, sede operativa del proyecto, se proyectaban todos los detalles del suceso. Para muchos, los 47 segundos con 55 milésimas que demoró el proceso fueron los mas largos de sus existencias porque aunque era verdad que el asunto entero de esta operación se había convertido de intriga y confusión en un suceso para el anecdotario, la expectativa de los resultados era muy alta tomando en cuenta que no había en los anales de la historia referencia alguna de una operación similar con las máquinas de última generación. Una vez que el prompt de la línea de comandos cambio del status de “ocupado” al de “reiniciando” y de un color rojo al verde, se pudo escuchar un suspiro general que aguardaba impaciente los 7 minutos que demoraría el proceso de reinicio del sistema operativo de YRO. En esos minutos se procedió a sellar nuevamente el panel de YRO.
Sucedió que mientras YRO se reiniciaba, el sector M-5, el centro económico más grande del imperio y que se ubicaba a 0.7 Megapársecs de distancia, comenzó a reportar el colapso de un sinnúmero de sistemas atmosféricos y de control aéreo. La totalidad de los cruceros galácticos que tocarían tierra ahí tuvo que ser redirigido a otros subsectores para la descarga de sus provisiones y hubo colisiones entre algunos de ellos que venían saliendo de sus túneles hiperespaciales, el tráfico aeroespacial era un caos y nadie tenía la más mínima idea de lo que sucedía, la máquina que controlaba todo aquello había dejado de procesar cualquier tipo de petición y se encontraba bloqueada por razones desconocidas. Esto sucedió en apenas un minuto o dos y el caos fue disminuyendo conforme los sistemas de emergencia de controladoras aeroespaciales de otros sectores comenzaron a funcionar para suplir la falla. Nada de esto pudo saberse en el edificio de Investigaciones Robóticas, todos se encontraban festejando que YRO se reiniciaba con éxito y que su SRN comenzaba a funcionar para mantenerse así hasta la mañana siguiente.
Al reiniciar la actividad del SRN, YRO hizo inconscientemente lo que muy bien sabía hacer y programó como todas las noches funciones para optimizarse a si mismo. Entonces llego el amanecer y lo primero que sucedió entre sus entrañas lógicas fue como siempre la instalación de un paquete de funciones. Esto fue observado por toda la gente del proyecto y hubo una gran polémica al descubrir que una función idéntica a la que se había eliminado (incluso tenía el mismo nombre) era instalada por el SRN de modo que se convocó a una nueva junta para analizar lo que había hecho YRO y se mando arrestar bajo sospecha de sabotaje a los técnicos que supuestamente habían eliminado la función.
Para la hora de la junta el sector M-5 había vuelto a la normalidad -después del caos y los accidentes aéreos- y en los noticieros todos se enteraron de lo que había ocurrido en aquellos lejanos parajes, asunto que a muchos puso los pelos de punta pues, la máquina que se había colapsado, llevaba el mismo nombre de la inútil variable que vagaba en la función que había sido borrada en YRO y más tarde vuelta a generar por su SRN. Nadie tenía una explicación y se mapearon la mitad de las terminales observadoras de YRO para observar a aquella otra máquina, descubriendo que aquella tenía una función con el nombre de YRO; el impacto del descubrimiento fue aún mayor cuando al ver en paralelo ambas funciones, se supo que las variables de las funciones de ambos hacían exactamente lo mismo y al mismo tiempo, mandar a otras funciones valores que parecían inútiles.
En ese momento hubo silencio en todo el complejo de investigación y no se pudo concluir nada, pero desde aquella tarde todo el equipo que estaba en el proyecto tuvo la duda del como habría concebido aquella milagrosa máquina la función con una variable que contenía un nombre de mujer y que aparentaba no servir de nada. Quizás era que las máquinas habían aprendido a ver nacer el alba y caer la noche como algo más que fenómenos astronómicos. Era una duda que talvez algún día, solo el equipo Origen podría ayudar a resolver.
Notas y Recomendaciones:
Estimado lector, si leyó toda la historia tengo que agradecérselo infinitamente y debe saber que fue inspirada en la Saga Fundaciones de Isaac Asimov, reconocido Divulgador Científico y muy recomendable autor de Ciencia Ficción con novelas como Yo Robot, Bóvedas de Acero, la ya mencionada Saga Fundaciones también conocida como Ciclo de Trántor y otras series narrativas como La Visita al Tiranosaurio y recopilaciones como Cuentos Completos I y II.
Los términos Imperio Galáctico, Psicohistoriador y Fundación, así como el personaje Hari Seldon, todos mencionados en esta historia, son autoría de Isaac Asimov y pueden leerse en la Saga Fundaciones.
De mis incursiones deportivas*…
En la primer entrega de mis incursiones deportivas hable del escuinclito imberbe que descubrió asombrado sus capacidades como defensa central de fútbol alcanzando la gloria en un pequeño torneo escolar, ganando con los olvidados Demonios Negros el trofeo que para ese momento, superaba en su mente a cualquier éxito de cualquier equipo en un torneo de la Eurocopa o en el mismísimo mundial. También hable de como súbitamente nuestro personaje cayo de la nube en que andaba al participar en un torneo con un equipo de uniforme cuya elegancia era inversamente proporcional a sus capacidades futbolísticas, el Asturias. Ya en puerta de la nueva justa olímpica, entérese en esta segunda entrega de como descubrí que balones no solo hay en el fútbol.
Capítulo Segundo
Que cuenta del desarrollo de habilidades suicidas en durísimas canchas de Voleibol….
Haber sucumbido junto a otros 10 chamacos en las canchas del fútbol y bajo el nombre de un equipo bautizado por un personaje cuyo nombre y razón ha ocultado el velo del tiempo, todo después de descubrir la eufórica gloria con los Demonios Negros, supuso una depresión o frustración deportiva que a la razón de mi entonces tempranísima juventud, o más aún, todavía niñez, era injusta e imperdonable. ¿Como podía ver ahora al Hugo Sánchez y sus Pichichis tan tranquilamente sin recordar la derrota?.
Sucedió que el ciclo escolar terminaba y dado que el tiempo se desvanece lentamente a tan tempranas edades, unas vacaciones podían parecer una eternidad, sobretodo cuando entre listas de útiles y uniformes nuevos nacía cierta desesperación por regresar a los patios de la escuela, patios a los que la mente, aún desprovista de una medición realista de tantas cosas, insistía en definir como inmensos no solo en espacios, sino también en posibilidades de incontables diversiones y sucesos abrigados por el caos de los venideros recreos.
El regreso a esos patios supuso nuevos partidos de fútbol en los recreos pero nunca más la idea o la oportunidad de formar parte de las filas de otro equipo y me ví como espectador del entusiasmo en torno al torneo que se organizaba para dentro de unos meses. En su lugar, me ví súbita y extrañamente maravillado por un nuevo profesor de Educación Física rebosante de entusiasmo y de ideas que quería compartir con sus enclenques pupilos, así que sus clases fueron el portal para acercarme mucho a otros deportes, incluso aquel que me parecía de lo más extraño y que consistía en golpear una pera de box atada con una cuerda a un poste al que había que enrollarla y jugado entre dos competidores: mientras uno trataba de enrollarla en un sentido, otro lo intentaba en contrasentido, ganando aquel que lograra enrollarla en el sentido que le correspondía. Eso implicaba a veces una cara roja y un ardor de cachetada si la pera le encontraba a uno el rostro en su camino.
Había mucha preparación física, muchos castigos rodeando el patio en cuclillas si Menganito no traía el uniforme o si Zutanito no traía su balón, pero a su vez fueron saliendo de la chistera del profesor -un costal de yute de dimensiones indecibles- una serie de formas esféricas o semiesféricas que no tenían que ver con el fútbol: pelotas de béisbol, de tenis, de esponja, balones de fútbol americano, de básquetbol y de Voleibol. Y fue entonces que las marcas Voit y AMF se me quedaron grabadas porque el balón y la red de Voleibol me conquistaron.
Tuve mi balón de voleibol casi de manera inmediata y aún sin saber que era un Set o un punto porque a saber, el entusiasmo se contagio en mi madre que por entonces me entero de mil anécdotas de cuando jugó contra equipos universitarios de casi todo el país, en donde me contó que conoció jugadoras que se reventaban las yemas de los dedos golpeando al balón con todas las fuerzas que los corajes de la vida pueden dar. Ahora su hijo se adentraba en esos parajes en los que sabría que Rusia -Desde la extinta Unión Soviética- Cuba, Brasil y China han dejado paja de otros equipos.
Me vi en las canchas de voleibol haciendo pases y queriendo saltar para ofender a mi adversario e incrementar los puntos de mi equipo, dándome cuenta de que lo mío lo mío no era saltar por encima de la red para anotar y por el contrario, con sorpresa me enteré de forma un tanto casual que nuevamente en la cuestión defensiva estaba mi porvenir y mi fama: mi primer salvada espectacular del marcador consistió en aventarme inconscientemente en un impulso de esa pasión que solo los deportes dejan ver, mis piernitas me hicieron volar un metro y el balón regreso a la cancha, asunto que me dejo ciertamente confuso aunque más en el partido con la ovación de algunos y con la mirada perpleja del compañero Ugarte que no se privó de calificarme de loco y suicida, asunto para el que inicialmente no encontré una respuesta.
Vinieron más partidos y con ellos se acrecentó mi afición a las salvadas con las que no pocas veces, conforme el tiempo pasó, varios tuvieron motivo para reiterar mi locura con esos supuestos intentos de suicidio, gritos a los que respondí febrilmente como un integrante de Al Qaeda dispuesto a inmolarse por la causa del marcador, cuya baja en los números del equipo contrario llegue a sentir como mi responsabilidad. Actualmente me pregunto como es que mis rodillas no son mas imperfectas y como nunca me sucedió ni un raspón que requiriera mas que un simple lavado de agua con jabón.
Desafortunadamente mi incursión en el Voleibol llegó a su fin de una manera muy pronta e imprevista y no hubo oportunidad de por lo menos pensar en organizar un torneo ya que pocos éramos los aficionados y por otro lado, el entonces nuevo profesor dejo de ser nuevo y se convirtió en historia llevándose su entusiasmo y su diversidad de enseñanzas y balones a otra escuela para compartir todo aquello con otros estudiantes más afortunados… en su lugar llegó otro profesor que apenas si podía mover las piernas y no por su avanzada edad o porque se hubiera lesionado en un partido profesional, sino por su poca y contradictoria disposición a las actividades físicas, razón por la que nos encerraba en el salón para estudiar libritos de reglamentos deportivos que hablaban solo de eso, reglas deportivas y métodos para organizar torneos en Round Robin o por eliminatorias mientras yo, en mi butaca, esperaba que cuanto antes la chicharra sonara para que la clase terminara y saliera yo de aquel oscurantismo.
Pocas veces he vuelto a jugar voleibol desde entonces y solo ha sido en ocasiones en las que mi madre y su familia organizan un juego un día de asueto pero se que ahora me andaría con muchos rodeos para aventarme y hacer una salvada como entonces.
Continuará…
Ultimamente
Ultimamente he estado pensando que quizás ya lo sepas, pero tengo que confesarte que soy de pocas palabras, aunque parezca que basta enfrentarme a unas hojas de papel, a este blog o estar con determinadas personas -no se si afortunadas o desafortunadas- para desbocar el verbo y con ello, paradójicamente granjearme cierta pequeña fama de buen conversador, a tal grado que en el trabajo, por ejemplo, rara vez interrumpo voluntariamente a alguien en sus labores, pero es costumbre que algunos interrumpan su propio trabajo cuando me ven llegar para voltear hacia mi y esperar que me salgan palabras en una alegoría del señor social que no soy y que algunos, al decirles “me retiro”, me pidan que permanezca un tiempo más para seguir charlando como si fuese yo un héroe hablando a sus nietos sobre hazañas con los marines en Vietnam o safaris por el Serengueti en una aventura con el Rinoceronte del Bestiario de Juan José Arreola; petición que rara vez puedo complacer, aunque esa sea otra historia.
Ultimamente he tenido que pensar que el fin de semana indeterminado salí a andar en bicicleta o a caminar sin rumbo, a leer algún libro en la fantasmagórica banca de un jardín o la sombra difusa de un árbol en la que siento luego una lluvia que me hace levantarme la solapa, a tomar una fotografía del rostro de un ángel -dorado aunque inanimado- en Reforma o un tumulto de flores abrazando al viento, a ver lo que todos ven aunque con la cámara en mano, a ver una película en el cine donde no hay nada a que asirme más alla de la butaca, a tomarme un café en una cafetería en la que invariablemente no abro la carta porque querré un express doble para acompañar el libro que leía bajo el árbol, y otro para mirar a la pareja transeúnte, y otro para escuchar a un par de ancianos jugando ajedrez y otro mas para escribir en una servilleta un recordatorio de versos inconclusos que quizás después pierda sin querer… pierdo entre servilletas y papelitos muchos instantes de vida que no podré reconstruir.
A pesar de eso y de no dejar de vivir, últimamente he tenido que notar que he dejado de platicar como antes y las personas de las que hable al principio, suelen preguntarme como estoy o si tengo mucho trabajo; siempre respondo que estoy bien y que trabajo tengo suficiente. Después de un breve silencio -de esos que por alguna razón suelen parecer eternos cuando nos observan- la gente en general parece que quisiera escapar a mi anormal mutismo, o más que anormal, irónicamente, más pronunciado. Entonces me dicen que estoy mas delgado y en ese momento reproduzco en mi cabeza una imagen surrealista en la que me aproximo a mi propia desaparición, así como un cigarrillo que paulatinamente se consume hasta que llega al instante en el que súbito, se esfuma en una vistosa artesanía matemática, tejida en filigranas caprichosas de hilos de viento y de humo. Por eso últimamente he tenido que recordar que siempre he sido muy delgado -más bien flaco- y reconozco que debería preocuparme porque verdaderamente estoy cada vez más delgado, o más flaco. Ultimamente algunos me han preguntado si no duermo y respondo siempre que dormir mucho, desde hace mucho y hasta el momento, no parece ser algo que mi cuerpo necesite porque rara vez me siento cansado o con sueño.
Ultimamente, en general, me dicen que hay algo extraño en mi, algo que no esta bien, algo que recuerda que yo no soy así, algo que parece decir que estoy enfermo o que hay algo que me preocupa.
Ultimamente he tenido que pensar en todo esto y sin tener que concentrarme o rebuscar en el doble fondo que la inconciencia siempre nos esconde, se que sucede que soy un poco menos que la impalpable sombra del conversador que todos conocen porque, a saber, en ti se consume toda mi capacidad de articular palabra en este mundo exterior. Tengo una imagen de ti en el pensamiento, más en el interior, una imagen con metainformación en la que sin proponérmelo repaso día a día la película con todas esas frases y cosas que pasaron. Ultimamente estoy en un trance como aquel en el que el Pescador de ilusiones quedo atrapado… y quisiera decir que como siempre y desde siempre, te tengo también todo el tiempo en el corazón, o en el alma, aunque el “tener”, aún involuntariamente, siempre lleva consigo ese sentido literal de pertenencia y lo cierto es que sin querer gastar mis pocas fuerzas en cuestiones lingüísticas y en el doble filo de las palabras: no te tengo.
Ultimamente me he quedado abstraído, extraviado en esta locura de tormenta de silencios, de preguntas, de dudas, de medias verdades, de inseguridades en abyectas teorías y conclusiones absurdas… y encima de eso la única luz es el instante en el que apareces como un relámpago en esa película sin velos, instante con el que añoro voluntad, pensamiento, corazón, alma, espíritu y verbo.
Ultimamente temo a la noche y a la luna llena, a la que casé con tu silencio, tu rostro y tu figura, temo al trance que supone recostarme ya no por necesidad sino por el simple hecho de tener el vago recuerdo de que el cuerpo humano debe descansar, temo al trance que en un arrebato de esta locura me obliga algunas noches a reclamarte me regreses eso: voluntad, pensamiento, corazón, alma, espíritu y verbo. Pero el arrebato desaparece como viene, desaparece en un escalofrío efervescente de ansiedad que literalmente reduce mi cuerpo en un prolongado espasmo cuando en un contragolpe de razón, concluyo que la única verdad es que no te llevaste nada de ello contigo y por el contrario, tras de ti mande todo en estela de ilusiones extraviadas.
Ultimamente me pregunto si existirá un momento futuro en el que sienta que no tiene más embate esta sensación de pertenecerte y que no se aún en qué momento termino de surgir, un momento en el que concluya que no hay más esperanza, un momento en el que ya no pueda estar en esta especie de iluso cautiverio, un momento en el que deje de sentir por ti, un momento en el que no tenga ya la necesidad de descomponerme en un grito de carta al aire, un momento en el que voluntad, pensamiento, corazón, alma, espíritu y verbo, la escencia y el todo de aquel conversador de irónica fama, regrese a infundirme vida y consciencia nuevamente por lo menos en la tregua de una resignación verdadera.
Ultimamente he tenido que pensar en cambiar la palabra “últimamente” por una frase completa, quizás con más sentido y sin el menor atisbo de la intrínseca ambigüedad de la palabra, últimamente, si: Desde que te fuiste.
Entes de jabón
Intentando haikus, son de los primeros que intento y los hago inspirándome en una serie experimental de imágenes de pompas de jabón que aún no he terminado y que para variar un poco fueron tomadas en el lago menor de Chapultepec.
Sobre los versos, mentiría si me dijera experto en métrica pero me parece que cumplen con la correcta. Hubo variantes que no me convencieron en absoluto pero rescato estas cuatro. En singular y en plural, juegos de palabras, metáforas insipientes si usted quiere; en ellos trato de hablar de algo en particular.
Sin más, lea, interprete y juzgue usted.
Cuasiausente lector, no tome esto como una encuesta formal pero en lo posible platíqueme su interpretación general. Si se vale preguntar, ¿Cual de los cuatro le agrada más?, ¿Y de las imágenes?, ¿sintió algo en particular al ver una imagen o leer alguno de los versos?… anímese, no sea rudo o displicente pero tampoco complaciente… se le agradecerá el detalle.











